Nuestros líderes

Rafael Berro|

Publicado el 06/09/2019 a las 08:16

En las empresas, en los partidos políticos o en cualquier tipo de organización puede haber dos tipos contrapuestos de líderes. Están por un lado los que piensan en primer lugar o por encima de todo en sí mismos, en su propio éxito, interés o brillo. Son liderazgos egocéntricos. Es fácil que actúen de manera egoísta, maniobrera, mediocre, que engañen o manipulen si les resulta útil. Es difícil que las cosas funcionen bien con ellos y se progrese, que acaben siendo buenos líderes.

Es bastante probable que si las organizaciones confían en ellos y se ponen en sus manos acaben pagando su error. Por otro lado están los que, buscando el interés propio, buscan con parecido o con mayor empeño el bien común y el interés general. No anteponen su propio interés a todo lo demás. Su liderazgo tiene mayor amplitud de miras, mayor altruismo y más alto nivel moral. Merecen que se confíe en ellos más que los primeros. Su buena actitud es una condición necesaria para que puedan resultar buenos líderes, aunque no sea condición suficiente, pues influyen más factores.

En Navarra, si Chivite hubiera superado electoralmente a Esparza, habría podido negociar con él desde una posición de superioridad, imponiéndole ser ella la presidenta del Gobierno. Seguramente lo habría hecho y habría prescindido del cuatripartito. Al no tener esa posición de superioridad, no ha podido hacerlo y ha pactado con el cuatripartito con el exclusivo fin de ocupar la presidencia, pasando de rechazar su política en la legislatura anterior a reconciliarse con ella.

Está claro que Chivite y el PSN han buscado en primer lugar y como fuera su propio interés, la presidencia. Han demostrado ser una líder y un partido del primer tipo. Y como suele ocurrir en esos liderazgos, algo huele a podrido no solo en Dinamarca. Sus apelaciones al progreso, a la pluralidad etc... suenan a la palabrería engañosa típica de los líderes egocéntricos.

Además, en la conformación del gobierno, PSN, Geroa Bai y Podemos se han comportado como si el gobierno fuera un botín a repartir, aumentando el número de consejerías y el gasto público para que hubiera muchos sillones y sueldos cuantiosos en el reparto. Han buscado su interés particular, no el bien de Navarra. Han actuado como lo hacen los líderes del primer tipo.

Por otra parte, el líder de Navarra+, siendo el ganador electoral, ofreció reiteradamente diálogo a Chivite, que obedeciendo a su tutora Barkos se negó a hablar con él y lo excluyó del gobierno mediante la unión de todos los perdedores. La Conjura de los enanos podría ser el título de una película de terror, pero es una buena descripción del tinglado que ha tenido que montar Chivite para encaramarse al sillón presidencial.

Habiendo sido así las cosas, Esparza y su coalición tenían motivos sobrados para hacer el siguiente planteamiento: “puesto que Chivite se ha negado a dialogar con nosotros y nos ha excluido, asumimos esa negativa y esa exclusión, y durante toda la legislatura nos negaremos a dialogar con ella y a apoyar cualquier propuesta suya. Si nos ha excluido, que gobierne con el apoyo exclusivo de sus aliados”.

Una postura así habría sido bastante impecable y justa. Pero no es la que Esparza ha adoptado. Ha ofrecido diálogo y colaboración por el bien de Navarra a quien se lo negó y lo excluyó. En estas contrapuestas formas de actuar tenemos ejemplificados los dos tipos de liderazgo: el egocéntrico (...) de la una y el liderazgo con altura de miras del otro. La preferencia que merecen la una y el otro como líderes debería estar clara.

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