Sanchismo navarro

Rafael Berro Úriz|

Publicado el 03/08/2019 a las 08:14

Tras el parto del nuevo Gobierno, llama la atención que la camada haya sido mayor que en el parto anterior: en lugar de nueve criaturas recién paridas y ansiosas por mamar de la teta pública, hay trece. Trece consejerías. El nuevo Gobierno nos va a costar tres millones de euros más que el anterior (abuso que justifica el comienzo poco complaciente de este escrito). A eso le llaman “progreso”. Tendremos que pagar cuatro consejeros más, con su corte de Directores Generales, Jefes de Gabinete, asesores y demás puestos a dedo para dar empleo, gusto y dinero a militantes del cuatripartito. Eran muchos exigiendo sillones y sueldos, y la solución más fácil ha sido aumentar el número de Consejerías y el gasto público. El aumento prueba que el fin primero de este Gobierno es la satisfacción de los partidos que lo han formado. No el bien de Navarra. Podemos, Geroa Bai, Izquierda Unida (al consentirlo) y PSN nos han demostrado con sus trece Consejerías que son la misma casta política que Podemos denunciaba cuando se las daba de regenerador. Han empezado programando lo que mejor saben hacer: gastar un dinero que no es suyo y aumentar la burocracia. ¿Cuántos puestos de trabajo han sido capaces de crear en la economía real De Simón, Santos, Barkos y Chivite? Alguien que, como ellos, fuera una nulidad como empresario pero tuviera sin embargo cierto pudor, reconocería su incapacidad y sería escrupuloso a la hora de crear puestos de trabajo con el dinero de todos. Éstos no. Despilfarran sin complejos y crean empleos innecesarios. Aplican la doctrina socialista made in Carmen Calvo, según la cual el dinero público no es de nadie; lo que traducido a este caso significa que se consideran con derecho a malgastarlo a su antojo para sentarse en las poltronas y tener poder y buenos sueldos.


El PSN se opuso rotundamente durante la legislatura anterior a las políticas lingüísticas e identitarias abertzales. La decencia intelectual debería llevarle a revertir los excesos que criticó. Pero se ha puesto a hacer todo lo contrario y no hay huella alguna por tanto de tal decencia: ha puesto la gestión del euskera de nuevo en manos de Geroa Bai, que podrá consolidar su anterior política y hacerla avanzar. No parece por tanto que el diagnóstico siguiente sea una exageración truculenta: el PSN ha traicionado a la Navarra foral-española que antes defendía. Le ha dado una puñalada política, hiriéndola gravemente. Ha pasado a unirse al abertzalismo, a apoyarlo y a contribuir al logro de sus metas; a ser otro monaguillo más en la procesión abertzale, junto a Podemos e Izquierda Unida. El sanchismo navarro demuestra así que tiene afán de poder y que no tiene escrúpulos ni principios. La reciente eliminación de la bandera española de su sede en Pamplona (la prensa ha informado de ella) encaja plenamente con sus nuevos derroteros. Quien defienda una Navarra autónoma sola dentro de España ha de estar pasando días amargos pero sería un sinsentido que se instalase en la inacción. Está obligado a hacer lo posible para que la próxima noche electoral sea muy amarga para el PSN.


El nuevo Gobierno ha nacido además con otro pecado original: el visto bueno de Bildu. En el sueño eterno de los socialistas asesinados por ETA ese “nihil obstat” proetarra habrá sido una pesadilla angustiosa, otra traición más. Pero tampoco eso importa al PSN sanchista. El muerto al hoyo y los vivos al bollo: a las poltronas, al poder y a los sueldos. Es una pena que no haya quedado testimonio gráfico de Chivite haciéndole la peineta a Albert Rivera en la tribuna de invitados del Congreso durante la fracasada investidura de Sánchez, sacándole la lengua e insultándole. Esas imágenes nos habrían mostrado quizás mejor que las muchas palabras anteriores la talla del actual socialismo navarro.

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