Sobre operaciones antidroga en Navarra
Publicado el 16/07/2019 a las 07:13
En la década de los 80 del siglo XX, la droga campó a sus anchas por tierras navarras y españolas. Hubo decenas de miles de jóvenes adictos a la heroína inyectada, a la cocaína y a otras drogas, también al speed, un derivado de la anfetamina que, calificada como blanda por los gobiernos felipistas, produce mayores daños cerebrales. Es decir, es más neurotóxica que la propia heroína, aunque esta sea mucho más adictiva. En los 90, el porcentaje de heroinómanos disminuyó pero aumentó el de adictos a la cocaína, droga que estúpidamente llegó a identificarse con un estatus social elevado. El speed, por su bajo precio y sus efectos, suele usarse para trasnochar en la adolescencia, con el consiguiente perjuicio a los hombres y mujeres del mañana. A que la droga se pusiera hasta de moda entre los jóvenes cooperaron, sin duda, tanto las andanzas nocherniegas de los dirigentes políticos de entonces (...) como las directrices marcadas por el Ministerio de Interior socialista, con una utilización de la heroína como un arma más en la guerra sucia contra la banda terrorista ETA, que en aquellos años asesinaba prácticamente todas las semanas. En cualquier caso, el fenómeno de la rebelión juvenil y de la drogadicción se dio en todo Occidente, como una consecuencia más del horror y la sinrazón de la II Guerra Mundial.
El 15 de marzo de este año se produjo el desmantelamiento del mayor laboratorio de speed del Estado, con la exitosa operación piparrak-príncipe. Esos 200 kg de sulfato de anfetamina, más 2 de cocaína hubiesen podido perjudicar de forma notable a toda una generación de jóvenes navarros, principalmente de Tierra Estella (el campo base se hallaba en Oteiza). Que la Policía Foral consiguiese un éxito notable contra el narcotráfico pocas semanas después, la operación Basa, produce una honda satisfacción. El precio del speed, las pastillas de éxtasis y la cocaína incautados por los policías forales hubiese superado en el mercado negro los once millones de euros. Cuanto más que ya para julio del año pasado se habían aprehendido más de 30 kg de cocaína en Pamplona, que hubiesen trastornado de nuevo los Sanfermines. Los éxitos policiales han continuado y en mayo pasado se producía otra importante operación, con conexiones también en Estella y otras localidades de Tierra Estella como Mendavia, además de La Rioja, Cantabria y el País Vasco, en que se aprehendía nada menos que 178,2 kg de cristal, 159 de speed, 672 pastillas de éxtasis, más hachís, marihuana, etcétera. ¡La juventud navarra se hallaba otra vez en peligro!
Desde algunos sectores radicalizados se llegó a pensar que el consumo de drogas podía favorecer de algún modo su ansiada revolución, pero ya son demasiados los casos de frustración personal, familiar y laboral que hemos conocido por su causa. Personas con grandes cualidades han fracaso en sus intentos por labrarse un porvenir ya sea en los estudios, en los diferentes oficios, en el mundo del arte, de la música, de la cultura o en en cualquier otro aspecto de la existencia. El resultado del conocido como rock radical vasco no pudo ser más lamentable, con tantas muertes por sobredosis, pero también las acaecidas en el panorama estatal (Antonio Vega o Enrique Urquijo, por ejemplo) o internacional (hace pocos años Prince, o décadas atrás Janis Joplin, Jimi Hendrix, Jon Morrison y otros). Las medidas policiales, con todo, no son suficientes. La prevención del consumo de drogas ha de ocupar un espacio en los centros educativos y conviene que el Gobierno Foral promueva campañas de concienciación e información de sus riesgos y de sus enormes perjuicios. En nuestras calles, la juventud demanda alternativas positivas y saludables de sociabilización, ocio y disfrute.
Alberto Ibarrola Oyón, escritor y colaborador de Anasaps.