La triste realidad de Honduras
Publicado el 05/07/2019 a las 08:20
En los últimos tiempos, cuando se escucha algo sobre Honduras, suele ser por un programa y canal televisivo de dudosa reputación en donde famosos o aspirantes a serlo conviven en sus paradisiacas playas. Pero poco se habla de la triste situación real que vive este país centroamericano.
Por eso desde estas líneas quiero agradecer la labor del periodista Iván Benítez, redactor de Diario de Navarra. Quiero reconocer su esfuerzo y valentía por viajar hasta allí y, literalmente, jugarse la vida acompañando a un jesuita hondureño amenazado de muerte para hacernos llegar, a través de una serie de reportajes que se han ido publicando en este periódico, la realidad de lo que el pueblo hondureño está sufriendo desde hace muchos años.
Gracias por sacar a la luz un país totalmente olvidado donde políticos corruptos, narcotraficantes, asesinos y las maras -esas pandillas criminales que al intentar reclutar a jóvenes en las calles no aceptan un no por respuesta, con posible resultado de muerte si no se adhieren-, campan a sus anchas haciendo imposible una vida pacífica y normal.
Aunque las caravanas migrantes centroamericanas de los últimos meses han tocado de soslayo la difícil situación de estos países - se han centrado más en el famoso muro norteamericano de Trump-, estas desbandadas de gente vienen produciéndose desde hace décadas. Qué terrible tiene que ser para una familia que tenga que marcharse a otro país porque en el suyo propio pueden ser presa, a diario, de asaltos, secuestros, robos, disparos, violencia... No se puede vivir así, y yo me pregunto cómo organismos oficiales como la ONU, o justo ahora que se acaba de reunir el G-20, miran hacia otro lado y no se dan cuenta de que Honduras, al igual que otros muchos países del mundo, cuenta con una tasa de corrupción y violencia altísima. Parece que la gente que vive en estos países no importa nada, y que priman más los aranceles o los posibles acuerdos comerciales entre las potencias mundiales.
También quisiera aprovechar esta carta para agradecer la labor del jesuita protagonista de los reportajes, el Padre Melo. Su lucha diaria a favor de la justicia en un país donde abunda la desigualdad y la violencia le hace estar amenazado y podría llevarle a la muerte en cualquier momento, pero ni eso le detiene. Sin duda, un gran ejemplo para todo el mundo. Personas como él son los verdaderos Supervivientes...