Gobernar a cualquier precio
Publicado el 05/07/2019 a las 08:17
Seguí por televisión la intrigante sesión constitutiva de nuestro Parlamento. En el impasse entre las dos votaciones a presidente se sucedieron las frenéticas idas y venidas de los negociadores. Araiz y Ramírez dijeron no saber nada de lo que se estaba cociendo. Sus rostros no traslucían la menor preocupación. El suspense terminó con la elección in extremis de Hualde, que se estrenó en el cargo leyendo un discurso que llevaba preparado. Tuve la sensación de haber asistido a una función con un guion menos improvisado de lo que nos hicieron creer. Con la cesión al PNV de la presidencia del Parlamento comenzaban los pagos de Chivite a cuenta de su ansiada entronización. La promesa de que Bildu no estaría en la Mesa fue incumplida. El primer combate entre Barkos y la cirbonera acabó así con ésta en la lona. Demasiada Uxue para tan poca María. Un preludio de lo que nos espera. Y es que los nacionalistas han olido sangre. Saben que la obstinación de la socialista por alcanzar el poder a cualquier precio con sus once pírricos parlamentarios la sitúan en una posición extremadamente débil. Y los jeltzales son expertos en sacar el máximo provecho de las necesidades ajenas. A ellos se suman ahora los aberchándales, difuminadas las líneas rojas de la ética política.
Araiz, por cierto, no asistió a la primera ronda de contactos en la Cámara. No andaba ocupado en ninguna obra benéfica a modo de penitencia por tanto dolor causado desde aquella siniestra mesa nacional de HB que socializó el terror de ETA. Adolfo estaba en París arropando a Josu Ternera, el carnicero en jefe. Nada que no cupiera esperar del personaje. Entre tanto Barkos -otra que tal baila- votaba en contra de proscribir los brindis por los presos, la exhibición de fotos de terroristas en espacios festivos y esos viveros de odio que son los “ospa eguna”. Ella, la nacionalista pretendidamente moderada. El PSN sí apoyó tales propuestas de Navarra Suma, saltándose así el cordón sanitario impuesto al centro derecha. Un cordón que es una afrenta a 127.346 navarros que únicamente desean lo mejor para su tierra, respetando el régimen foral y la legalidad constitucional. Algo inadmisible para los socialistas navarros, a quienes les incomoda la presencia de C’s y PP, cuyo apoyo implora Sánchez. En política es importante cuidar las formas. No se puede aspirar a gobernar Navarra despreciando a quienes ganaron las elecciones de calle. Una mínima cortesía parlamentaria habría aconsejado reunirse con ellos, aunque sólo fuera para exhibir sus insalvables diferencias, reales o impostadas. Resulta chocante que Chivite se aparee con el nacionalismo merced a votos obtenidos masivamente en localidades como Arguedas, Sesma, Cárcar, Cabanillas o Murchante, donde apenas saben -para su fortuna- quién fue Sabino Arana. Lo hace además para disgusto de quienes se refugiaron en el PSN huyendo de un cuatripartito al que ahora se ven redirigidos. Una ambición estrictamente personal no debiera frustrar un cambio ampliamente votado. Completan la coalición lo poco que ha quedado de IU y Podemos, que ha presentado doscientas cincuenta medidas, buena parte de las cuales buscará -imagino- intentar acabar la legislatura sin arrancarse los ojos entre ellos.
No tengo nada en contra de que los socialistas administren Navarra, siempre y cuando ganen las elecciones y/o alcancen una mayoría que les permita gobernar con estabilidad, lo cual no se sucede en estos momentos, en los que están incluso en minoría respecto de sus socios. Los políticos, tanto aquí como en Madrid, debieran olvidar sus intereses particulares y trabajar ya en beneficio de unos ciudadanos que no han dejado de acudir un solo día al andamio o a la oficina, procurando mirar más allá de sus cortas narices.