Honor merecido
Publicado el 23/06/2019 a las 09:03
El próximo día 28 de junio la Universidad de Navarra acogerá presidido por el Gran Canciller, Fernando Ocáriz, el acto de entrega del doctorado Honoris Causa a cuatro personalidades del mundo académico, una de las cuales es el arquitecto navarro, oriundo de Tudela, Rafael Moneo Valles. Creo yo que a nadie coge por sorpresa tan merecido galardón; en palabras de su padrino el catedrático y director de la Escuela de Arquitectura, Miguel Ángel Alonso Del Val: Rafael Moneo es considerado el arquitecto de mayor proyección internacional, el más alto exponente de la arquitectura española actual, y el que mejor ensambla esas vertientes de profesor, teórico y autor de obras relevantes.
Sin embargo, a través de estas líneas me gustaría poner de relieve una faceta que creo que le caracteriza como persona, y que pone de manifiesto la existencia de una armoniosa articulación entre su desinteresada entrega al trabajo y su concepto de la amistad.
Si en toda entrega podemos decir que hay o se presupone algún tipo de donación, donación que interpreto con ese significado amplio de nota constitutiva que nos distingue, también, nos podemos interrogar acerca del matiz que dicho significado adquiere en la persona del arquitecto Rafael Moneo.
Sin duda que su entrega pone de relieve un dar algo de lo que hace, pero también de lo que tiene y también de lo que es.
Él, con su trabajo, aspira y persigue la perfección de aquel proyecto o tarea que en ese momento atiende y le ocupa, pero esa entrega no se agota en ella misma, en aquello que hace, sino que transciende, va más allá, y aspira también a alcanzar al quién.
Así el qué y el quién, son dos constantes que no podemos separar, que están siempre presentes en su hacer porque brotan de una misma raíz: la generosidad; por eso en sus trabajos y en sus encargos, podamos detectar esa aspiración como una búsqueda continuada y constante, una búsqueda que le caracteriza y que con determinación persigue. Pero del mismo modo también apreciamos que en el trato con las personas dicha aspiración está presente, la misma que le conduce a hacer y convertir esas incipientes relaciones de proximidad en auténticas relaciones interpersonales, en las que el yo individual queda superado al integrarse en una relación más profunda es esa relación que, operando desde la generosidad de su ser personal, sabe comprender y acoger al ser del otro. En definitiva, sabe cuidar y proteger como valor la amistad.