Haciéndote feliz, seré dichoso

Ángel Sáez García|

Publicado el 21/06/2019 a las 12:12

HACIÉNDOTE FELIZ, SERÉ DICHOSO “No sabrás todo lo que valgo hasta que no pueda ser junto a ti todo lo que soy”. Gregorio Marañón y Posadillo Amada Pilar: Te preguntarás, seguramente, por qué te escribo sin parar, semana tras semana, epístola tras epístola, o encargo, finjo o funjo, que de ese menester se ocupe algún amigo íntimo y heterónimo mío. Me consta que se te hace, amén de cuesta arriba, raro, que alguien que publica a diario un texto, al menos, en su bitácora (y otros sitios), desde hace más de trece años, carezca, por propia iniciativa, de acceso a Internet y no haya mandado en su vida un whatsapp, aunque ande, por lo general, sobrado de guasa, retranca o sorna. Como me molesta sobremanera autocitarme, repetirme, perdona que haya resuelto mandarte hacer lo que tal vez te disipe las dudas: teclea en un buscador, Google, por ejemplo, el título de una de mis décimas, en concreto, “¿Pantallas en aulas? ¡Jaulas!”. Si la lees con atención y detenimiento, no te miento, allí hallarás dos razones de peso. ¿Que por qué te escribo sin parar? Porque necesito hacerlo. ¿Que cuál es el objetivo o fin de esta misiva? El mismo que el de todas las anteriores, aunque acaso no fuera jamás tan explícito como lo soy hoy, porque te necesito. Noto, siento que necesito estar a tu vera; me urge vivir contigo; esa es mi imprescindible conditio sine qua non, pues haciéndote feliz, seré dichoso. Barrunto que, si acaece algún día tal cosa, volveré a recobrar la ilusión y la paz perdidas. Ergo, te amo, lo reconozco, sin rodeos, por interés, porque me comprendes mejor que nadie. Aunque eres una fémina de estatura media, normal, tu inteligencia emocional es extraordinaria, descomunal. En dicha disciplina, si te lo propusieras, llegarías a catedrática, y podrías dar (que ya lo haces, aunque esa no sea tu pretensión) sopas con honda al común de los mortales. Agregaré aquí, en el parágrafo que corona esta carta, como colofón y con el propósito de hacerte reír a mandíbula batiente, una razón más a las aducidas arriba; intuyo que no me fallarás (te ruego, encarecidamente, que repares en lo precipuo o principal, que la primera vocal de dicha forma verbal es una a, no una o) nunca. Ángel Sáez García angelsaez.otramotro@gmail.com

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