Chivite rescata al nacionalismo
Publicado el 20/06/2019 a las 09:15
Pues al final los iruinsemes han considerado que ser jatorra, redecorar el zaguán municipal y renombrar la avenida del Ejército como Catalina de Foix no son méritos suficientes para que Joseba repita como alcalde de Pamplona. Han valorado quizás otras cosas. Sus enormes lagunas en urbanismo, evidenciadas en la desertización de lo Viejo, la - carísima- chapuza de Pío XXII o la pésima gestión de la pasarela del Labrit, tres años cerrada. El desprecio a la ley, por el que ha sido repetidamente condenado. La torpeza de dar la espalda a San Fermín. La connivencia con los okupas. Su miedo a repudiar el terrorismo etarra, en contraste con su valentía para querellarse contra un Franco que lleva 40 años muerto.
Prevalerse del cargo para trabajar por la construcción nacional vasca en lugar de centrarse en mejorar la vida de los pamploneses… Tantas y tantas cosas que le han obligado a ceder la vara de mando, exhibiendo un mal perder que augura unos Sanfermines calientes. Bildu se ha quedado sin su alcaldía estrella, entre otras.
Pero no acaban ahí sus males. Ha restado un parlamentario y tampoco estará en el próximo gobierno foral. En Alsasua, tras todo lo acontecido en esa localidad, los abertzales se han quedado clavados en tres concejales, mientras Geroa ha pasado de cinco a diez. Hasta en la Barranca parecen haberse dado cuenta finalmente de que Bildu forma parte del problema y no de la solución, lo cual debiera hacerles reflexionar.
Han de superar, en primer lugar, ese histórico aldeanismo que les ha llevado a oponerse sistemáticamente a todo progreso. Su candidata al Congreso dijo no querer un TAV “para verlo pasar”. ¿Se puede ser más pueblerino? Rechazar un tren moderno porque no para en los apeaderos de Sakana define a esta gente. Con la necesidad que tienen de salir de su terruño para hacer bueno aquello que decía Baroja de que el nacionalismo se cura viajando. Son lo más carca de Occidente. Si de ellos dependiera, iríamos a Donosti en coche de postas o en el Plazaola. Y así, en todo. Porque la modernidad no la da el corte de pelo de una candidata o un diseño rompedor de la bandera de Navarra, reducida a una piruleta.
Y luego está su cada día más insoportable incapacidad para renunciar a ser los guardianes del terror. Me pregunto si habrá nacido aquel de ellos que tenga el valor de soltar amarras con su pasado más siniestro y condenar sin ambages a ETA. No esperen nada de gente irrecuperable como los Otegi, Araiz, Ramírez o Ruiz. Y digo valor porque en el mundo abertzale discrepar se ha pagado caro. Que se lo pregunten a Yoyes, que cometió el pecado de abjurar del terrorismo. Bueno, a ella ya no, a su hijo Arkaitz, que tenía tres añitos cuando vio cómo un sicario ejecutaba a su ‘amatxo’ de tres tiros, rematándola con un cuarto en la cabeza, mientras estaba jugando con un tractor en una plaza de Ordizia. Las recientes elecciones han dejado a Bildu en la lona. Y en estas aparece María Chivite Navascués dispuesta a insuflarles vida. Su temeraria aspiración de gobernar sin el respaldo de una mayoría parlamentaria convertiría a los batasunos -por quienes negocia Geroa- en los árbitros de la legislatura. El PSN prefiere ser rehén de un nacionalismo que ya ha empezado a cobrar sus facturas y abocarnos a tiempos convulsos antes que garantizar la estabilidad pactando con los constitucionalistas. Un error incomprensible porque, en política, las ambiciones estrictamente personales o partidistas nunca debieran prevalecer sobre el interés general. El cuatripartito recupera así en los despachos socialistas lo que perdió en las urnas. Nunca antes se pagó un precio tan alto por presidir Navarra.
Manuel Sarobe Oyarzun