En este mundo alejado...
Publicado el 19/06/2019 a las 09:11
“I have a dream”. Tengo un sueño. Este es el nombre de unos de los más famosos discursos de Martin Luther King Jr., pronunciado desde la escalinata del monumento a Lincoln y en el que expresó su deseo de un mundo diferente en el que los seres humanos, independientemente del color de su piel, pudiesen vivir en paz y armonía, trabajando conjuntamente en beneficio de las personas y en el desarrollo de una nación. Esto fue ya hace unos años, en 1963. Hace ya unas cuantas semanas, o tal vez meses y viendo el panorama que tenemos ahí afuera, llevo pensando que el reverendo King perfectamente podría seguir con su sueño, que la cosa aún lo merece. Sin ningún tipo de catastrofismo inútil que a nada lleva, seamos sinceros, la cosa no marcha nada bien. Tenemos un mundo encrespado, con pueblos enteros marchando por los caminos huyendo de la sinrazón y del hambre, dejando atrás una vida que ya no es posible y buscando otra llena de muros. Un mundo alejado que ignora lo que siente una madre allá por aquellos países, cuando se le muere su hijo entre sus manos por falta de casi todo, ante la mirada incómoda de una cámara de televisión. Un mundo que echa la cabeza hacia otro lado cuando el mar se sigue tragando a cientos de personas sin nombre que cometieron la osadía de apostar sus vidas frente a unas costas en forma de sueño. Un mundo que aún le cuesta mirar de cerca y se resiste a reconocer que aquí, entre nosotros, hay miles de personas, sí, miles, que por muchas causas no encuentran sentido a sus vidas y terminan convenciéndose que mejor estar muertos. Un mundo en el que los plásticos ya nos han creado un gran problema que nos ha puesto una buena cara de susto ante lo que hemos armado. Un mundo en el que ser mayor es sinónimo de carga y en el que admite la soledad como animal de compañía. Un mundo que piensa en pequeño, en lo superficial, en el “yo, mi, me, conmigo”. Tenemos un mundo descarado en el que se ha declarado oficialmente que todo lo que se puede hacer, pues adelante, que eso es progreso. Y así vamos disolviendo sutilmente y sin meter ruido aquellos soportes que sabemos son fiables en el desarrollo cualquier sociedad, como son el compromiso, el esfuerzo, el respeto y la generosidad, bajo el insustituible marco de la familia. Y esto nada tiene que ver con las derechas y con las izquierdas. Un mundo en el que se habla como si nada, con desvergüenza, de millones y millones de euros en fichajes de tales y cuales galácticos que meterán no sé cuántos goles y así estaremos todos contentos. Eso sí, mientras tanto, en algún que otro laboratorio, algunas personas se estarán estrujando el cerebro y su bolsillo en sacar adelante un fármaco o una solución a una enfermedad. O al otro lado de un teléfono de emergencias. Pero estos no son galácticos, claro. Como tampoco lo son quienes se levantan todos los días a las seis de la mañana para hacer pan, poner un ladrillo o conducir un autobús. Curioso el sistema clasificatorio que esta sociedad impone. Y un mundo, este ya muy actual, en el que se habla más de políticos que de servidores públicos y así nos va. “I have a dream” decías, ¿no?
Alfonso Echávarri Gorricho director técnico de la sede de Navarra de la Asociación Internacional Teléfono de la Esperanza