¿Por qué gestas/os seréis rememorados? (1)

Ángel Sáez García|

Actualizado el 16/05/2019 a las 09:07

(A cuantos candidatos se presentan). Al comienzo del guion de la película “El club de los emperadores”, dirigida por Michael Hoffman en 2002, al final del breve discurso de salutación que el director del Colegio masculino St. Benedict, en lo que parece ser el estreno o inicio del curso académico, que tiene lugar en el salón de actos, dirige a los alumnos de dicha institución les señala: “Si se fijan bien en la inscripción que hay debajo del obispo dice: Non sibi. O no para uno mismo. Resume la filosofía del St. Benedict. La sabiduría que se adquiere aquí tiene que ser empleada para el bien común, no solo para el beneficio propio. Y por último, Finis origine pendet; esas tres palabras las llevan escritas en sus corazones, bajo el escudo del St. Benedict. Es el lema de nuestro colegio; significa: el final depende del principio; el final depende para nosotros del principio”. Algunas escenas después, el profesor William Hundert (papel que borda el actor Kevin Kline), tras las presentaciones, en la primera lección que les imparte a sus nuevos alumnos sobre civilización occidental, los griegos y los romanos, le pide a uno de sus discentes, Martin Blythe, que vaya al fondo del aula y lea en voz alta la placa que está colocada sobre la puerta de entrada (o de salida) a la clase: “Soy Shutruk-Nahunte, rey de Anshan y Susa, soberano de la tierra de Elam. Yo destruí Sippar, tomé la estela de Naram-Sin y la traje a Elam, donde la erigí como ofrenda a mi dios. Shutruk-Nahunte, 1.158 antes de Cristo”. Cuando termina, le da las gracias y pregunta si alguien conoce al mentado monarca, Shutruk-Nahunte. Les dice que dicho nombre no lo encontrarán en sus libros y les brinda, gratis et amore, el porqué sus hazañas no las recoge ningún libro de Historia: “Porque la gran ambición y la conquista sin contribución al bien común no tienen ningún valor. Y ustedes, ¿en qué piensan contribuir? ¿Cómo les recordará la Historia? ¿Shutruk-Nahunte? Totalmente olvidado. No como los grandes hombres que ven aquí: Aristóteles, César, Augusto, Platón, Cicerón, Sócrates, gigantes de la Historia, hombres de un marcado carácter, cuyos méritos y triunfos sobrevivieron a su época y sobrevivirán incluso a la nuestra. Su historia es nuestra Historia”. Desde que vi por primera vez el filme arriba mencionado, han ido sucediéndose los días, las semanas, los meses, los años, y he vuelto a ver la película varias veces más; hoy, habiendo superado con creces el medio siglo de edad, más cercano de los sesenta años que de los cincuenta, puedo aseverar que, entre otras, pocas, verdades, estoy seguro de que considero irrefutable, apodíctica, esta: Un hombre (hembra o varón) no es lo que piensa, ni es lo que dice que ha pensado (puede engañar y/o engañarse). A un hombre hay que juzgarlo y valorarlo por lo que hace, sea esto óptimo, bueno, regular, malo o pésimo. Por sus obras o frutos será conocido. Si estas/os son excelentes, será galardonado, premiado, reconocido.

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