Tomás Yerro está de enhorabuena

Carmen Olorón Goñi|

Publicado el 07/05/2019 a las 08:21

Recuerdo que en el último café que tomamos hace poco con el grupo de estudio para la soledad en la vejez, Tomás Yerro me dijo “¡Sigue escribiendo!”. Y, como ve, le hago caso. Esta vez, para felicitarle de todo corazón por ese merecidísimo premio Príncipe de Viana. Los méritos que le han llevado a conseguirlo a la vista están, y como se decía en el Astete “doctores tiene la santa madre iglesia” que los han sabido reconocer. Así que, por todo y por ello, mi más efusiva enhorabuena con su correspondiente abrazo.

Pero, si me permite, yo quería ir un poco más allá... Al hombre, a la persona sencilla y humilde que hay detrás del premio. A ese “chico de pueblo muy ilustrado” (no todo el mundo tiene veinticinco mil libros en su biblioteca). A ese eminente erudito que, hoy, en la época del bolígrafo y el ordenador, todavía sigue escribiendo con pluma y como a impulsos. A esa persona generosa que se presta a colaborar en lo que se le solicite. Y quería felicitar también al Tomás de la carta a su padre, porque no le hubiese costado nada hacer un discurso ostentoso y grandilocuente, de esos que no se entienden porque no dicen nada. Pero no, escribió una carta sencilla, entre agradecido y emocionado, en y para el recuerdo de quien fue su padre y maestro de vida. ¡Grande, Tomás!

Pero déjenme llegar más lejos... Al Tomás que nos contaba, con su cadencia cálida y entrañable, sus “historias de la p. mili“ mientras cenábamos en Obanos. Noche inolvidable, para el grupo y para una servidora. Porque, entre otras cosas, la proximidad de personas como Tomás modera y sosiega el ambiente y sus alrededores y pone un plus de interés, sabiduría y conocimiento en las conversaciones. Hoy que generalmente hablamos de fútbol o política, pájaros y flores, es un lujo contar con la erudición de un caballero, sencillo, inteligente y buena persona donde las haya.

Y como estos calificativos tienen sus argumentos, diré que no sólo es amigo de sus amigos, sino que ha demostrado una solidaridad ejemplar compartiendo momentos difíciles o delicados, animando y apaciguando a quienes a veces, enfadados con el mundo, caían en la irritación, la angustia, o el desánimo. Por eso, por su extraordinaria calidad humana, yo quiero desde aquí felicitarle.

Carmen Olorón Goñi

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