El mundo se olvidó de llorar

Carmen Olorón Goñi|

Publicado el 13/04/2019 a las 09:09

Magnífica la entrevista de Jordi Évole al Papa, emitida el pasado día 31. El carisma de Francisco una vez más brilló por sí solo, transmitiéndonos la imagen de un hombre excepcional. Por la extensión permitida resumiré su mensaje y, por aquello de la libertad de expresión, haré mención también de lo que, en mi humilde opinión, faltó. Habló del avance y peligro de las redes sociales, diferenciando el estar conectado o comunicado. También del dolor que le causan los 35.000 ahogados en el Mediterráneo, así como de la injusticia e insensibilidad de los países al cerrar las puertas a la inmigración. Citó la actitud de “corazón abierto” en los cuatro pasos de recibir, acompañar, promover e integrar al migrante, señalando que Europa olvidó sus antecedentes migratorios tras la segunda guerra mundial. Preguntado sobre las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla, respondió que eso es lo más inhumano que existe y que ahora mismo “el mundo se olvidó de llorar”.

También nos dijo que es una ley universal que “el que levanta un muro, termina prisionero en él ”. Y que los católicos que rechazan la inmigración lean el Evangelio y sean coherentes. También aludió a que el miedo es el material sobre el que se edifican las dictaduras, condenando de paso la venta de armas a países en guerra y que quienes lo hacen, aparte de sufrir el efecto boomerang, “no tienen derecho a hablar de paz”. Habló convincentemente del arte de la persuasión, el precariado, la explotación, el pago de impuestos de los hombres de la iglesia como ciudadanos que son. De la capacidad de los buenos padres de jugar con sus hijos. Del derecho de los muertos a la verdad y a tener su digna sepultura. De la hermenéutica de la época, aplicada al tema de los abusos sexuales en la iglesia y la cumbre recientemente celebrada en el Vaticano, así como de la iniciación de procesos sanadores.

Preguntado por el descenso de asistentes a la iglesia y el envejecimiento del clero, pienso que no fue al fondo del problema - quizás porque la pregunta no era... ¿políticamente correcta? Tal vez- . Otro tema que quedó en la superficialidad, siempre en mi humilde opinión, fue el de los homosexuales, pues con la aceptación familiar de estas tendencias no termina, ni mucho menos, la historia. Y para finalizar, el tema mujer, que admitió que no se siente bien representada en la iglesia (¿entonces?). Entonces, entiendo que dio el diagnóstico pero no indicó el tratamiento. Alabó la sensibilidad femenina y yo que sé cuántas cosas más, reconociendo que iglesia es femenino. Lo que no dijo es que en cada templo hay nueve mujeres feligresas por cada hombre, lo que significa mayoría abrumadora. Tampoco dijo que las mujeres en nuestras religiones vecinas, protestantes y anglicanas, pueden ser sacerdotisas y aquí no; aquí permanece la subordinación de la mujer al varón en nuestra iglesia patriarcal (por lo visto el espíritu de igualdad del 8M todavía no ha llegado a las puertas del Vaticano). Y no dijo nada tampoco del llamado “sensus fidei ” ni, sobre todo, de la carta de un tal Pablo (Gálatas 3;28 ) “ ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos somos uno en Cristo Jesús ”.

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