La sobrevaloración de estudiar
Actualizado el 25/03/2019 a las 17:06
Uno de los muchos problemas que tiene nuestro sistema educativo es que la cantidad de títulos que tengas es más importante que tu propio sentido crítico y tu capacidad de desarrollar nuevas alternativas. Los docentes dan la clase explicando, mal y rápidamente, contenidos de un libro que son, en su mayoría, muy deficientes. El alumno escucha y memoriza en silencio, para exponer esta información en exámenes estandarizados mediante los cuales será evaluado del uno al diez: cifras de las que dependerá su futuro. Gran error. El aprendizaje va más allá de escribir la respuesta correcta. Toda teoría es inútil si no hay una práctica y, por ello, las clases deberían ser debates abiertos donde se fomenta la participación de los alumnos, y no la coartación de esta. Es absurdo ir a clases de música en las que no tocamos instrumentos o de inglés en las que no hablamos en inglés, ya que, al fin y al cabo, lo que vamos a necesitar en nuestro futuro va a ser esencialmente la experiencia. Otro grandísimo problema es la falta de conexión. Los profesores deben llegar a los corazones de los alumnos y ayudarles a que sus latidos sean fuertes para que el mundo pueda escucharlos. Deben sacar lo mejor de ellos y permitirles desarrollar sus habilidades, algo que no solo será beneficioso para ellos, sino para la sociedad en su conjunto. El estar regidos por un programa mecánico y monótono que los limita y desmotiva impide que se despierte en los jóvenes la curiosidad y el interés por el aprendizaje. No nos pueden pedir que tomemos decisiones importantes y desarrollemos ideas emprendedoras si nos someten a horas de memorización en las que no se fomenta ni la reflexión ni los pensamientos propios. No nos pueden invitar a soñar en grande si nos prohíben salirnos de los márgenes.