Día del Padre

Arancha Caballero Sagardía|

Publicado el 19/03/2019 a las 22:17

Un año más, hemos asistido al que es uno de los días más comerciales del año. Navarra ha salido a la calle, quien dice a la calle... a los diversos restaurantes que conforman nuestra privilegiada geografía, con el objetivo de celebrar este día. Pero celebrar el día del Padre es mucho más que salir a comer. Que una excusa para juntarse. El Padre representa el Sol, en las culturas iniciáticas, y el sol alumbra nuestra vida a través de la palabra. La palabra es ley... y la función paterna es ley. Por eso siempre digo que el amor es una autoridad condicionada. La autoridad que representa la ley o el Padre, condicionada porque esta ley no lo permite todo. No lo soporta todo. Ni se te ocurra ponerlo a prueba. De seguro perderás. La palabra es ley aquí y en Uzbekistán. Pero hay palabras y actos que bajo la función paterna, adquieren la legitimidad necesaria para convertirse en ley. Eh, ahí el problema que asola nuestra sociedad. El poder de la función paterna, de la ley, de la palabra... es tal, que al otro lado de esta dialéctica, se encuentra, siempre presente la oscuridad, la luna. Con forma de mujer, vestida de sentimiento. Y nada sería de nosotros sin sol y luna, sin padre y madre, sin ley y sentimiento. Es el conjunto de ambos lo que convierte al ser humano en consciente, íntegro. A menudo, rechazamos el poder de estas figuras ataviados de ropajes individualistas, evolucionistas, cuando es la ignorancia la que nos viste a nosotros. Salir de nuestra zona de confort ofrece la oportunidad de hacerse consciente a otras culturas y leyes que dan cuenta acerca de quienes somos. La Iglesia o el Ejército son figuras que representan no solo la "ley" sino además esa función paterna. La semana pasada tuve oportunidad de visitar algunas representaciones de lo que supone "ley" en San Sebastián. Y me sorprendieron varias cosas. Pero, la más significativa de todas, fue sin duda, la posición y poder de la lengua, de los egos. Dispuestas a ambos lados de las diversas basílicas, se situaban en lo alto de las estructuras. Y, es que, es impresionante el poder de esas lenguas o cabezas que adornan lo alto de nuestro patrimonio humano. Y no hace falta ninguna "gloriosa" entrada para observar ésta y otras cuestiones que convierten la ley en negocio y, a los voluntarios en pescadores de hombres. Recuerdo con cariño a Jose Mari, "belarri", guardián de una de estas basílicas, a tiempo parcial. La ley, la palabra, la función paterna... está llena de conquistas y de renuncias. Pequeñas conquistas que trascienden a nuestros egos y renuncias que van más allá de nuestras experiencias personales. El día del Padre es mucho más celebrar en comanditaria que hoy es fiesta en Navarra. El día del Padre es mucho más que celebrar que mi padre me dio la vida. El día del Padre es también celebrar que sin esa función paterna, por terrible que haya sido, hoy no sería la persona que soy.

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