Corporativismo

Arancha Caballero Sagardía|

Actualizado el 16/03/2019 a las 13:04

A veces volver al punto de partida suele ser clarificador. Volver la mirada atrás hasta el primer día de clase... en una universidad cualquiera, en una ciudad cualquiera. Siempre se busca que esa primera toma de contacto sea agradable porque el objetivo es motivar a los "potenciales alumnos" para que se queden. Se buscan profesionales y empresarios de éxito y prestigio, pero lo que más perciben los jóvenes alumnos son los ejemplos de antiguos compañeros, que les sirven de espejo en el que mirarse. Y tras esas primeras horas repletas de bromas, juegos y anécdotas, llega el momento en el que alguien, entrenado y acostumbrado en estas lides, lanza al aire la pregunta del millón: pero, ¿qué es marketing?- Es publicidad (asegura alguien).

- Todo es marketing (se oye desde el fondo).

- Es saber vender.

- Es una herramienta...

En cuestión de segundos se obtienen así respuestas espontáneas y directas que van concretando poco a poco, hacia una definición (más o menos realista) de lo que significa. Hasta que uno de los profesores interrumpe y dice:

- ¡Usted, el que ha dicho que marketing es publicidad; salga fuera. Creo que se ha equivocado de carrera. Suerte!.

El silencio se apodera de la sala y todos permanecen boquiabiertos ante lo que acaba de ocurrir. El profesor pide que continúen con la lluvia de ideas como si nada hubiera pasado, pero nadie se atreve a continuar, hasta que a lo lejos, se escucha una voz tímida y temerosa, que asevera:

- En mi opinión, el marketing es como "los ojos que todo lo ven y les gusta". Es la herramienta que busca soluciones a las necesidades de las personas.

El profesor aprovecha la ocasión y pregunta:

- ¿Han visto lo que acaba de ocurrir? ¿Han visto cómo he echado a su compañero de clase?.

- Sí -responden ellos.

- Sin embargo, ninguno de ustedes ha sido capaz de decir lo que piensa. El marketing es un proceso de negociación pero no "todo vale". Cuando no se defienden nuestros derechos, se pierde la dignidad. Hay cosas con las que no se puede negociar y la dignidad es una de ellas. A veces ver, oír y callar nos hace cómplices. ¿Qué nos queda si perdemos también la dignidad? Hay profesiones en las que el corporativismo goza de mayor aceptación que otras. Dime cuánto callas y te diré que tu corporativismo es directamente proporcional al tamaño del gusano que adorna tu sector y, hasta tu profesión. 

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