Iglesia...¿viva?

Carmen Olorón Goñi|

Publicado el 01/02/2019 a las 09:37

Al pertenecer a esa generación en la que todavía somos, como se dice ahora, creyentes-practicantes, confieso que todavía acudo a las misas dominicales. Lo que no sé es hasta cuando. ¿Por qué? Sencillamente porque veo a la iglesia-institución alejada de la vida real, de los problemas que vivimos los simples mortales. Alejada de la vida misma. En ocasiones, como la de hoy, siento que es una especie de burbuja, lejos de la sociedad que sufre y padece. Me explico.

Normalmente acudo a la misa más progresista de Pamplona, por aquello de que cada uno buscamos y encontramos -gracias a Dios- aquella persona, aquellas palabras, aquellos actos, que más van con nuestra manera de ser, pensar y sentir. Pues bien, el domingo, por circunstancias que no vienen al caso, no pude acudir a ésta, con lo que fui a la misa vespertina de mi parroquia. Me encontré con una misa “de las de antes” con campanillas en la consagración y con la exposición del Santísimo al final.¡En custodia, claro está! Luz tenue y música agradable ayudan a que emocionalmente las personas nos postremos en oración. Hasta aquí, pues vale. Muy respetable. Son modos y maneras que a muchas personas les sirve, no es mi caso pero, como digo, muy respetable.

El tema va de que las oraciones que se lanzan al aire hasta tres veces son por el Papa y las Jornadas de la juventud en Panamá. Y me parece muy bien. Pero cuando toda España estábamos con el corazón en un puño, empujando minuto a minuto a la excavadora que nos llevaría hasta Julen, entiendo que la iglesia -llena hasta los topes- tenía que haber pedido ante el Santísimo expuesto en custodia dorada para que el niño fuese encontrado sano y salvo cuanto antes. Otra noticia también fue el naufragio y consiguiente muerte en el Mediterráneo de 117 inmigrantes. También se podía haber rezado por ellos. Pues no. Ni una palabra. El Papa, Panamá y solo faltaba el incensario.

Por eso, sirva esto como un botón de muestra de la lejanía de la institución de la sociedad. Creo que viven en otro mundo más o menos irreal. Pienso que no ven o no quieren verlo, que en pocos años los templos van a estar vacíos. No tanto por la falta de sacerdotes, que también, sino y sobre todo por la falta de fieles. Responsabilidad, ¿de quién? Quizás, y sería muy triste, de quien no ha sabido, querido o podido ir con los tiempos. “Aggiornamiento” decía Juan XXIII pero, visto lo visto, no se le hizo mucho caso. No sólo existen los jóvenes que se reunirán con el Papa en Panamá, porque ellos son una minoría. La mayoría, esa otra que intenta llevar su vida adelante, con esfuerzo y sacrificio, esa pasa ya de la iglesia. Solo hay que verlo -si queremos- en el crecimiento de las bodas civiles frente a las religiosas, por ejemplo. Creo que con nuestra generación, a extinguir dentro de poco, terminará de alguna manera la función de la iglesia tal y como la hemos conocido. Mientras tanto, en vez de prever ese futuro tan poco halagüeño, ir preparando el camino de los laicos que sustituyan a un clero que desaparece, el acceso - tarde, mal y nunca - de la mujer al sacerdocio, etc. Podemos seguir haciendo el avestruz o cantar el “Tantum Ergo” que faltaba aquel domingo, además del incensario.

Carmen Olorón Goñi

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