Ensanchando la discordia
Publicado el 10/01/2019 a las 09:28
Cuál sería mi sorpresa hace unos días al llegar a Pamplona y descubrir que la Avenida del Ejército pasa a denominarse Avenida de Catalina de Foix. Al parecer, esta medida se ha tomado con el fin de “equilibrar el nomenclátor de la ciudad”, y ya de paso ensanchar un poco más la discordia existente entre distintos sectores de la sociedad pamplonesa. Me imagino que esta calle no se ha elegido al azar, sino con el objetivo de perpetuar una desconfianza absurda hacia una institución que hace más de cuatro décadas ha dejado de identificarse con la dictadura franquista. El Ejército es, aunque suene a paradoja, un blanco indefenso. No dispone de medios para defenderse de las embestidas de unos políticos que reivindican los aplausos y los elogios de sus simpatizantes, no importa si las iniciativas de éstos concuerden con la verdad. Otro tanto se podría afirmar del monumento levantado en la Avenida de Roncesvalles para conmemorar los enfrentamientos sangrientos de los Sanfermines de 1978. Me gustaría saber a quién se le ocurrió la feliz idea de colocar la figura de una mujer sin brazos sobre una placa denunciando “la agresión policial”. Esto sólo sirve para fomentar una hostilidad contra un cuerpo cuya única misión es la de asegurar la paz ciudadana. Cualquiera que haya sufrido una agresión o un robo en casa, por ejemplo, ¿a quién ha de acudir para denunciar el hecho y solicitar ayuda? ¿A Olentzero? Merece la pena recordar que la única víctima mortal de los disturbios de 1978 fue un varón y que ya existe en la misma avenida una placa que recuerda aquel trágico acontecimiento. ¿Y la mujer sin brazos? Si yo fuera mujer me sentiría profundamente indignada por haberme representado como un ser desamparado. Las mujeres no necesitan paternalismo, sino trato de igualdad y el reconocimiento de que disponen de dos brazos, igual que aquellos que pretenden interceder para protegerlas contra las agresiones. De hecho, ya existe una legislación bastante explícita de lo que constituye un delito machista y sus correspondientes castigos. Lo que hace falta es que se le aplique con rigor. A fin de cuentas, las medidas que ha introducido a bomba y platillo este gobierno, hasta ahora no suman más que una serie de retoques, molestos algunos, pero apenas sin trascendencia. Son conscientes de que han heredado una ciudad próspera y que funciona bien, y se espera que así se lo entreguen a los que les reemplacen en el poder el próximo mes de mayo. Esperemos que sea un gobierno desfacedor de entuertos.
Jules Stewart