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El lenguaje universal

  • Susana Aragón Fernández|
Publicado el 05/01/2019 a las 08:49
Me encanta cantar y bailar. ¡La música! Creo que no se ha inventado nada mejor, nada que sea tan universal, que provoque tanta unión como ponerse a cantar una canción, a bailarla, a escucharla. No hace falta un conocimiento especial: suena la música y llega directamente al corazón. Da lo mismo dónde hayas nacido, ni cuántos hermanos tienes, ni cómo te sientas en ese momento. Suena la música y atraviesa todas las barreras. No hace falta ni entender el idioma si es que tiene letra la canción. Cuentan los abuelos que en sus tiempos jóvenes siempre terminaban cualquier reunión familiar o de amigos cantando. Incluso que había bares con carteles donde ponía “prohibido cantar”, quizá porque con esa costumbre se llegaba a mucho alboroto. No sé. A mí me parece una costumbre muy buena. Yo la vivo en Navidades y en San Fermín.
En estas Navidades hemos cantado mucho en familia. Cantamos villancicos que sabemos desde hace años: los villancicos de siempre. Este año, después de la cena de Nochebuena, mis primos Miguel y Álex acompañaron con las guitarras eléctricas y costó un poco compaginar sus sonidos con nuestras voces. Finalmente fue fantástico: toda la familia cantando, celebrando la Navidad. Al día siguiente, después de la comida, el tío Luis sacó la guitarra y también se creó ese ambiente mágico de los villancicos que este año rellenaban quizá con más insistencia el hueco que ha dejado la abuela este verano.
También en el colegio esta época tiene su punto especial. Como el último día celebramos el Festival de Navidad, en cada clase preparamos una actuación, cantada y bailada, para ese momento en que las familias llenan el polideportivo. Nuestro villancico de este año se titulaba “El mejor regalo eres tú” y empezaba así “Yo no sueño con regalos, cuando llega Navidad, cuando llega el año nuevo no le pido nada más. Sólo quiero que me abraces y brindar por tu salud. Esta Navidad… el mejor regalo eres tú”. Lo hemos cantado bastante y hemos ensayado mucho el baile, en clase de música y en clase de Religión o valores sociales con las maestras, pero también espontáneamente entre nosotros en los recreos, para divertirnos.
En todo esto hay algo que me entristece y lo voy a contar. Dos de mis mejores amigos no cantan villancicos. No entiendo por qué. Ellos se quedan callados y todos en clase sabemos que ellos no cantan villancicos, lo mismo que sabemos que Irati no puede comer frutos secos por alergia y que Mamadou no come cerdo por religión. Naroa y Pau no cantan villancicos. Pero no lo entiendo. No sé por qué puede ser. Me da tristeza por ellos, por lo que se pierden. Mientras todos estamos cantando a pleno pulmón, ellos nos miran callados. Mientras ensayamos la coreografía que acompaña a la canción, ellos están parados, al margen de todos. Es como si no pudieran comer tarta en un cumpleaños o soplar las velas. A mí me apena mucho porque se crea como una barrera entre nosotros.
La música nos une y nos ha unido siempre. En el colegio hemos cantado y bailado música latinoamericana, canciones flamencas, música árabe, música euskaldún, canciones sanfermineras... ¡Cómo disfrutamos con la música africana que trajo Kelly! Pido al nuevo año 2019 música y canciones para compartir, y “permisos” especiales para cantar lo mío, lo tuyo, lo de quienes están cerca, lo de quienes están lejos. La música, el lenguaje universal.
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