Para Pilar, que fue mi amor y musa (3)
Publicado el 26/12/2018 a las 18:37
(Sigue.) Adenda (por si no se ha entendido, como era mi propósito, correctamente, la referencia que he hecho al juego de “las chapas”). De abril a noviembre de 1993 (si no marro, que puede, en el primer mes) estuve trabajando como camarero de comedor en el restaurante “Mojón de los Tres Reyes”, de Valverde (barrio de Cervera del río Alhama, La Rioja), donde vivía. A mí nunca se me cayeron los anillos (bueno, me enmiendo al momento, ya que he mentido sin querer, sí, porque, estando trabajando en Alfaro perdí un solitario). Hacía los dos turnos (el de comida y el de cena) y aprovechaba las horas libres de la tarde para preparar las oposiciones a profesor de Lengua Castellana y Literatura. Aquel año las hice en Zaragoza. Las aprobé, pero no saqué plaza: lo normal en quien no tenía más puntos que sumar a la calificación obtenida que el 1,5 concedido por haber promediado la nota de notable en las asignaturas de la carrera. Recuerdo que, estando trabajando en el “Mojón”, tras cenar, bajé a Fitero en dos ocasiones y asistí (creo que en el casino, pero no lo puedo asegurar) como mero espectador (no jugué) al juego de las chapas (dos monedas antiguas). Quien tenía la banca debía igualar el dinero que habían apostado las personas que formaban el corro de jugadores. Si, tras el vuelo aleatorio, caídas al suelo, salían caras, ganaba la banca. Si salían cruces (o lises, llamadas así, supongo, porque en lugar de una cruz aparecía en el reverso de la moneda una flor de lis) ganaba el corro. Si no coincidían, volvían a lanzarse al aire las chapas.