¿Por qué Navidad?

Carmen Olorón Goñi|

Publicado el 26/12/2018 a las 09:21

¡Ya está aquí! ¡Ya ha llegado! Hablo de la Navidad, por supuesto. Porque pareciera que en nuestra ciudad existiese un calendario invisible que divide el movimiento ciudadano en dos periodos; de San Fermín a Navidad y de Navidad a San Fermín. Lo demás es como complementario o accesorio. Bueno, pues como decía, ¡ya está aquí! Una de nuestras fiestas por excelencia, que cada cual la vivirá a su modo y manera. En cualquier caso hay que reconocer que es una de las fiestas más universales que existen. ¿Y por qué? Esta es la pregunta.

¿Qué celebra el mundo mundial estos días? ¿Por qué se ablandan los corazones y afloran los sentimientos Que es la fiesta familiar por encima de cualquier otra, está claro. El planeta se moviliza y los transportes harán horas extras para que todo el que quiera y pueda se acerque a los suyos. Las calles y las casas se engalanan con luces, brillos, músicas, comidas y bebidas. Vamos, ¡la casa por la ventana! ¿Y por qué? Sigo preguntando.

Desde mi ya lejana infancia, lo que se celebraba era el nacimiento del niño Jesús. Ahora, con tanto Papá Noel, Olentzero o similares, me temo que las nuevas generaciones desconozcan esta celebración tan tradicional y se queden con la fiesta familiar en sí -que no es poco- y con unos regalos que se supone llegan de diferentes procedencias, pero que al final significan lo mismo; mucho cariño y un consumismo exacerbado.

Como cada uno habla o escribe de lo que conoce, me remitiré a aquellas navidades donde en la novenica del niño rifaban un cordero, cantábamos villancicos como si no hubiera un mañana y montábamos el tradicional Belén, con musgo de la Vuelta del Castillo, un poco de serrín y papel de plata para el río. Con aquel Belén nos “trasladábamos” a la ciudad del mismo nombre. Allí sucedía el hecho más trascendental de la historia de Occidente; el nacimiento en un establo entre animales, de un niño muy especial que después sería proclamado rey de los judíos. Aquel rey sin reino visible, mostró especial predilección por los desheredados de la tierra. Si hoy volviera, está claro que sus favoritos serían esa humanidad doliente, presente ante muros, alambradas y concertinas; fronteras de un primer mundo, que olvidó que el amor no conoce fronteras,

¿Y quién era aquel niño? Sigue siendo la pregunta. Unos dijeron que era el Mesías esperado por su pueblo, aunque los suyos no lo reconocieron como tal. ¡Nadie es profeta en su tierra! Otros añadieron que era el hijo que Dios enviaba a la tierra para mostrarnos el camino, la verdad y la vida. ¡Casi nada! Lo que sí parece claro es que aquel niño fue el Cristo y que de él derivó la cristiandad que dos mil años después ha llegado hasta nuestros días. La siguiente pregunta sería acerca de este Cristo, que sabemos que tras una vida tan corta como ejemplar, fue condenado por los poderes fácticos de la época a morir clavado en una cruz. Pero lo verdaderamente relevante de esta historia es que cuentan que aquel judío errante llamado Jesús de Nazaret, venció a la mismísima muerte y volvió a la tierra que le vió nacer. Es más, que permanece vivo entre nosotros y algún afortunado que otro asegura que se lo ha encontrado. En resumidas cuentas, y en síntesis, esta es la historia del personaje más paradigmático de la humanidad, cuyo nacimiento celebramos estos días. ¿Por qué a través de los siglos, tantas y tantas generaciones han entendido que es el Amor mismo quien nació en Belén? ¿Y si fuese así? ¡Qué menos que recibirle, de rodillas, como a un Dios, ¿no?

¿Que muchos no creen esta historia? Los hay que piensan que aquello en lo no creen, no existe. Aun así, tendrán que reconocer -nobleza obliga- que las exclusas del amor con mayúsculas, cerradas casi todo el año, se abren en Navidad para dar paso a un caudal inédito, que llega no sabemos de dónde ni por qué, pero que nos moja a todos. Y estos días se supone que seremos más solidarios, más amables y cariñosos y también mejores personas. Y si hacemos gala de honestidad intelectual, deberíamos seguir preguntándonos “¿por qué?”.

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