Dos amigos que se han ido
Publicado el 24/12/2018 a las 08:22
En este tiempo prenavideño han fallecido en Pamplona, con pocas horas de diferencia, dos personajes egregios que fueron entre sí amigos entrañables. Uno de ellos vivía en Pamplona, aunque procedía de Cazorla (Jaén); el otro llegó de fuera, pero con la firme determinación de quedarse, al menos hasta realizar un “pequeño” encargo: crear una Universidad en Navarra con espíritu cristiano. Vino sólo y con las alforjas vacías, al estilo evangélico. Él mismo contaría mucho tiempo después, con sencillez y gracejo, que todo lo que tenía en esa época cabía en una pequeña maleta.
Para sorpresa de quienes consideraban que su proyecto se reduciría a una aventura como la de Don Quijote en el episodio de los molinos de viento, el sueño se fue haciendo realidad poco a poco, a pesar de los múltiples obstáculos. A muchos de los que tuvimos la suerte de conocerle personalmente nos parece que lo que le hacía tan audaz era un motor potente pero silencioso: la fe y el sentido providencialista de la vida. Sin duda, fue providencial que quien vino a crear una universidad (Ismael Sánchez-Bella) conociera pronto a quien construiría el primer edificio de la Universidad de Navarra, el Colegio Mayor Belagua, con una competencia, ilusión y generosidad admirable. Se llamaba Valentín Herrero. Ismael iba a ver con frecuencia la marcha de las obras, lo que fue creando una relación de amistad entre los dos.
Pero Valentín hizo mucho más: invitaba a Ismael con frecuencia a comer en su casa, porque le veía muy flaco; lo atribuía a que sólo se alimentaba con bocadillos. En los estudios de tipo histórico que se realicen en el futuro habrá que averiguar la función que tuvieron los platos de alubias de Sangüesa que cocinaba la esposa de Valentín, en la hazaña de crear una universidad partiendo de la nada. La amistad entre los dos no se enfrió ni siquiera cuando Ismael fue nombrado primer Rector de la Universidad de Navarra, se seguían viendo asiduamente en la cafetería Iruña. Valentín era un hombre bueno, familiar y amigo de sus amigos. Más de una vez disfruté de su compañía y de la de su hijo Emilio, con ocasión de algunas costumbres navarras: el almuerzo de media mañana era una de ellas. El encuentro de Ismael y Valentín en el cielo es una sinergia con incalculables posibilidades: son capaces de crear nuevas universidades.