El fracaso de la ideología de género
Publicado el 23/12/2018 a las 08:35
Este mes de diciembre se cumplen 14 años de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, que fue la medida estrella del presidente Zapatero contra el terrible crimen de la violencia doméstica. Sus efectos inmediatos fueron dos: de una parte, la creación de los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, para instruir y, en su caso, fallar, las causas penales en materia de violencia machista. El concepto de violencia machista ha sido acotado en la Guía Práctica de la Ley aprobada por el Consejo General del Poder Judicial, reduciéndolo a la violencia en cualquiera de sus formas ejercida exclusivamente por el hombre sobre la mujer, dentro de una relación sentimental.
De otro, la inversión de la carga de la prueba, de manera que es al hombre supuestamente agresor a quien corresponde demostrar la no comisión del delito. Las consecuencias han sido, simplemente, la perpetuación de la burocracia, dando otra vuelta de tuerca a un ya enrevesado procedimiento, y la criminalización del varón con la inversión de la carga de la prueba, vaciando de contenido el derecho a la presunción de inocencia reconocido constitucionalmente. Sin embargo, el efecto que se perseguía no se ha alcanzado: según distintas fuentes, las víctimas del delito planteado en estos términos han sido en 2018 alrededor de 50, mientras que en 2004 fueron 72.
Por lo tanto, aun dejando de lado que no se tiene en cuenta las víctimas de otras formas de violencia, ni las masculinas, ni los suicidios en el ámbito doméstico, la ley de 2004 ha sido un fracaso. No creo que haya quien se felicite por el dato desnudo del porcentaje negativo, porque una sola muerte ya es una tragedia, son personas, no cifras.
Personalmente no me resigno a la falsa evidencia de la imposibilidad de la paz y justicia en la sociedad, y amor en las familias, pero está claro que la vía que se ha elegido no es la correcta, y lo que no se puede consentir es que, bajo el pretexto de tan noble propósito de proteger a las víctimas, se criminalice a nuestros hombres y, lo que es peor, se pretenda adoctrinar a nuestros hijos con ideas que se ha demostrado que no funcionan.