Adiós al alma de Sodena
Publicado el 18/12/2018 a las 08:46
Se despidió en Sodena como siempre lo hacía, con una sonrisa y un “hasta el lunes”, pero ya no volvió a estar con nosotros.
Se nos ha ido el alma de Sodena porque se nos ha ido Merche Díaz Olondriz. Merche, historia y alma de Sodena porque, como ella decía, “se incorporó a Sodena antes de que Sodena existiera” siendo además testigo de cómo se redactó su “Escritura de Constitución”. Quizá por eso cogió el hábito y la buena práctica de ser la guardiana de la historia de Sodena, no solo en su memoria, sino también en la logística y el orden con el que mantenía los archivos, primero físicos y luego digitales. Y es que sólo una persona como Merche, ordenada, rigurosa, y en definitiva con un gran compromiso por su empresa, podría ser la encargada de guardar toda esa historia de más de 34 años. Merche además traspiraba honestidad por todos sus poros y era buena compañera de sus “compañeros”, como le gustaba llamarnos.
Cuántas anécdotas llaman al recuerdo si pensamos en que a ella le gustaba hacer las cosas “a su manera”, “porque si se hacían bien, para qué cambiarlas”, y luego ella era la primera que se adaptaba a los cambios y que incluso si le tocaba, los lideraba contagiándonos al resto. Durante estos más de 34 años hemos tenido la suerte de conocerla, además de todos sus actuales “compañeros” y “compañeras”, todas las personas que han pasado por esta “casa”, incluidos los máximos responsables, ganándose desde el primer día toda la confianza que se puede depositar en una persona. Porque Merche además era austera para la empresa, pero generosa para los demás. Cómo recordamos los modelos “vintage” de televisión y de cafetera que tuvimos durante muchos años, bajo el lema “si se cuida y se recoge, las cosas duran más”. Y es que quien no conocía a Merche, no conocía Sodena. Quizá era esa la cultura que ella mamó en su tan querida Villafranca, seguro que, además, transmitida por su madre, Romana. Fiel a sus raíces no renunció a sus inquietudes por conocer mundos diferentes, y fue la persona de Sodena más internacional ya que Merche era viajera, no era turista, con una gran facilidad para empatizar, comprender y traerse “un trocito” de los usos y costumbres diferentes de todos aquellos sitios que recorría. Que nos consta fueron muchos.
Qué fácil era estar con Merche, qué fácil nos lo puso cuando desde el primer momento nos hizo conocedores de su enfermedad. Con qué claridad y determinación nos iba trasladando su evolución, y siempre con esa fuerza que le acompañaba en todas las decisiones. Merche siempre comprometida con sus amigos, con su familia y, cómo no, con su Ignacio, de quien, discreta como ella era, hablaba siempre con ese orgullo del que habla alguien que ama sin condiciones. Su Ignacio que ha sabido quererla, acompañarla, sufrir y disfrutar con ella hasta el final. El mismo Ignacio que tantas tardes esperaba con paciencia a que ella saliera de trabajar. Porque para compromiso en el trabajo ahí estaba Merche y, cómo no, los demás hemos sabido tomar ejemplo.
Pero lo que nos ha dado Merche, sobre todo, ha sido una lección de vida. Por eso querremos siempre a Merceditas, a Merche, y quizá no se nos haya ido el alma, porque seguirá presente en el recuerdo de cada uno de nosotros y en la cultura de esta, “su casa”.
Pilar Irigoien Ostiza en representación de Sodena.