Se llamaba Laura
Publicado el 17/12/2018 a las 22:43
Así te llamabas. Eras joven, eras maestra, eras mujer. Ahora también víctima. Víctima de un sistema que no funciona, víctima de un asesino al que se perdona, víctima de una sociedad que ya no razona.La noticia de tu muerte entristece, enfurece... pero ya no impresiona. Impresiona que la extrema derecha avance hacia el poder, con programas que prometen eliminar, seguramente, la única Ley que pretendía proteger precisamente a la mujer. Impresiona que alguien llame "casposo" a otro convirtiendo la libertad de expresión en el peor de los insultos. Impresiona Cataluña y se le prescribe Ibuprofeno en los telediarios. Impresionan tantas tonterías que llenan los espacios periodísticos cada día... pero tu muerte, Laura, ya no impresiona. Como no impresiona que se edite un libro de cuentos en el que las diferencias de género, seguramente, aseguran unas suculentas ventas estas navidades. Siento decirte que cuando se trata de las mujeres, ya nada impresiona. Te diré lo que a mí me impresiona: la impunidad con la que se mata en este país y lo barato que sale matar a una mujer. La facilidad con la que se perdona a un asesino reincidente y lo extremadamente complejo que resulta condenar a alguien por idéntico delito. Sabes, a veces se me hace imposible no mirar fuera (aunque a muchos no les guste lo que ocurre al otro lado de nuestras "gloriosas" fronteras) e imaginar cómo sería de diferente, si en este país, se nos pegara, aunque solo fuera de a poco, el virus de los "chalecos amarillos" en Francia, y exigiéramos los derechos que nos asisten, casi con la misma intensidad con la que nos manifestamos contra "Skolae". Tú eras maestra. Y en este momento, no puedo evitar recordar aquella magistral clase de Economía, en la que me enseñaron (con sentencias reales) lo barato que sale amenazar, violar o matar. Pero no hemos cambiado tanto. Ni siquiera un poquito. Seguimos viviendo en una sociedad tremendamente patriarcal, paternalista y misógina. Y siento decirte que no creo que vaya a cambiar. Porque existen demasiados intereses creados en que este sistema se mantenga, se seguirán dotando todos los esfuerzos en alimentarlo mientras asistimos expectantes (o no tanto) a la contínua vulneración de nuestros derechos como personas... como mujeres.