¿Que Sánchez no ha leído a Maquiavelo? (2)
Actualizado el 14/12/2018 a las 13:11
(Sigue.) Asimismo, por sus comportamientos paradójicos, por sus bandazos dialécticos, por sus notorios cambios de opinión o contradicciones manifiestas, diría que, seguramente, leyó lo que Nicolás le confesaba en una misiva que remitió en mayo de 1521 al historiador florentino Francesco Guicciardini, en concreto, este secreto: “desde hace un tiempo a esta parte, yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo y, si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla”. Quien esté pendiente, de verdad de la buena, de cuanto suelta por su mui el presidente del Gobierno de España, como procura estarlo servidor, ¿no se ha hecho la pregunta que yo, lo reconozco, me acabo de hacer, de manera imprevista e inesperada? ¿No halla en las palabras del mentado Maquiavelo una más que certera etopeya o atinado retrato moral de Sánchez? Y, como colofón de esta urdidura (o “urdiblanda”), me nace trenzar que tengo para mí por verdad irrefutable que Sánchez ha sabido sacarle el máximo jugo o partido a estas palabras maquiavélicas: “Por tanto, un príncipe, viéndose obligado, a sabiendas, a adoptar la bestia, tenía el deber de escoger el zorro y el león, porque el león no se puede defender contra las trampas y el zorro no se puede defender contra los lobos. Así pues, es necesario ser un zorro para descubrir las trampas y un león para aterrorizar a los lobos”. No seré tan presuntuoso como para aventurar quiénes son o pueden fingir o fungir aquí los roles de tramposos o de lobos, pero, como dicen que dijo uno de los máximos gerifaltes de la Democracia Cristiana italiana, Giulio Andreotti, que presidió el Consejo de Ministros de su país en tres distintas oportunidades, “hay amigos íntimos, amigos, conocidos, adversarios, enemigos, enemigos mortales y... compañeros de partido”.
Ángel Sáez García angelsaez.otramotro@gmail.com