El poder de la tecnología

Alejandro Martínez Roldán|

Publicado el 11/12/2018 a las 08:33

La tecnología es buena. Sin duda. Nos ayuda y nos facilita mucho las tareas cotidianas. Pero el otro día me sucedió un hecho que me hizo preguntarme si no nos hará también un poco más tontos. O, al menos, si no nos desincentivará a esforzarnos en adquirir conocimientos, ya que nos los da todo hecho. Aunque una máquina haga los cálculos, no debería ser excusa para no saber nosotros como hacerlos. En un centro comercial próximo a Pamplona fui a abonar una consumición de cinco euros con cuarenta céntimos para lo que entregué un billete de diez euros y dos monedas de veinte céntimos, esperando como cambio un billete de cinco euros. Ante mi sorpresa, la joven camarera me devuelve las dos monedas, se queda con el billete y me dice que la máquina lo calcula todo y que ya devolverá lo que corresponda. Insisto en que es más fácil como yo le propongo pero no lo admite. Que es lo que hay. Lo peor fue su cara de autosuficiencia que expresaba su idea de que yo era un ignorante que con mi edad poco podía saber de las nuevas tecnologías.

No insistí más. Todos sabemos que con estas personas no se puede discutir. Siempre acabas perdiendo, así que me fui con mis dos monedas más otras ocho del cambio. Ella no se quedó con la sensación de que no sabía hacer una simple resta mentalmente, sino con la de que era yo el que debía adaptarme a los nuevos tiempos. Mi consuelo fue dos días después al comprar un queso en un caserío del norte de Navarra. El precio también era con céntimos y yo entregué un billete para pagar. Rápidamente la casera me dijo si no tendría sueltos eso céntimos para poder devolverme menos “chatarra”. Sin caja registradora ni pantallita ni nada, solo su estupendo cerebro. Pero también la tecnología tiene cosas buenas. Y más que debería tener. Por ejemplo, esa maravillosa máquina del centro comercial podría tener una tecla que al pulsarla dijera: “Qué van a tomar”, en vez del desagradable, grosero y habitual “dime”. Ya sé que lo tendría que decir la camarera, pero aquí eso es mucho pedir. De momento, sería un avance. Y no estaría nada mal otra para dar las gracias. Otra tecla podría servir para advertir al camarero de que debe llenar un poco más la copa de vino, que muchas veces se quedan cortos, y bien que lo cobran. O de que si se acaba la botella con la copa a medio servir, que no la terminen de llenar con otra botella.

También en los comercios textiles serviría para que no te digan que con el tipo que tienes no te va a quedar bien o que te digan que es muy cara y que si la vas a poder pagar. En fin, cosas más difíciles se han conseguido.

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