Adiós a la Avenida del Ejército

Juan Frommknecht Lizarraga|

Publicado el 11/12/2018 a las 08:28

Ayer tuvimos un ejemplo más de la verdadera magnitud de lo que supone para Bildu gobernar para todos. El alcalde Joseba Asirón anunciaba la modificación del nombre de la Avenida del Ejército. Porque sí, porque él lo vale. Nunca había dado importancia a la existencia de esta avenida con su nombre. Me parecía natural por varios aspectos, tal vez ilógicos y sacados de contexto. Por ejemplo, que Pamplona tiene una vinculación importante con el ejército, ya que ha sido una plaza fuerte importante por su cercanía a Francia.

De esta historia de plaza fuerte quedan nombres, como el mismísimo de Plaza del Castillo, la vuelta del Castillo, la travesía de los Glacis, los portales que cerraban el recinto y otros más. No me extrañaba ese nombre junto al edificio que alberga la delegación del gobierno, lindante con viviendas que fueron y aún son en algunos casos de militares, por un lado, y con la ciudadela por el otro, tan poco valorada por los pamploneses y lindante con la avenida. Recuerdo que de niño soñaba con las tropas napoleónicas llegando a la misma, jugando con bolas de nieve, entrando en el recinto con esa argucia y tomando la plaza. En mi primera niñez, no se podía acceder todavía al recinto.

Curiosamente, esta avenida no tiene relación alguna con ningún episodio de la Guerra civil. Es cierto que el nombre se le otorga viviendo Franco, pero no ensalza más que al ejército español, no al ejército sublevado. No hay razones objetivas para este cambio de nombre, al menos que puedan ampararse en una pretendida infracción de la Ley de memoria histórica, aunque sí existe una subjetiva que algún día acabará dándonos problemas: el odio atroz a todo lo que tenga que ver con España o sus instituciones, como el ejército. Este gobierno municipal será recordado por anécdotas tales como cambiar de nombre a ésta avenida, a la plaza de los caídos, o al solar de la antigua cárcel, además de por la chapuza del carril bici en Pío XII.

Estoy seguro que si otros políticos de otro signo hubieran tomado una decisión similar pero contraria hubieran sido tachados por el equipo de Asirón, sin duda, de fascistas. Y es que ser fascistas hoy en Navarra significa, por desgracia, simplemente no compartir alguna de las ideas de un equipo de gobierno que prometió gobernar para todos.

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