Pilar, deseo que mi esposa seas (1)

Ángel Sáez García|

Actualizado el 04/12/2018 a las 11:56

Con algo más de planificación a la hora de seleccionar cuántas cosas hacer y cómo y de establecer el orden de prelación entre ellas, las diversas tareas a llevar a cabo durante un tiempo concreto, determinado, esto es, qué (empezar a) coronar antes y qué (dejar para) culminar más tarde, todos los seres humanos, amén de diligentes, inteligentes (si esta expresión no es un evidente pleonasmo, tal vez le falte el canto de un duro para serlo), insisto, todos, sin excepción, podríamos llegar a ser filósofos, es decir, personas amigas de saber (hasta llegar a ser duchas, peritas o versadas en uno o varios ámbitos o disciplinas), aunque no nos propongamos (o sí) elaborar un sistema o teoría filosófica.      

Para que discurra mi pensamiento (no sé cómo funcionan otras mentes, las ajenas, pero sí cómo lo hace la mía, propia) necesito escuchar a los demás, qué dicen y qué quieren decir, o, en su defecto, leer, que es otra forma de escuchar (por lo general, más elaborada). Siempre (acaso —pronto le llegó el ocaso—, sin acaso, me he pasado; así que me enmiendo al momento: muchas veces), cuando diserto (sea oralmente o por escrito) sobre el acto de leer, suelo rememorar los cuatro versos endecasílabos que conforman el primer cuarteto del famoso soneto (sin título, aunque ahora muchos le den el del primero de sus versos; como es sabido, los poetas de los Siglos de Oro en muy rara ocasión ponían rótulo a un poema breve) de Quevedo: “Retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos, pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos / y escucho con mis ojos a los muertos”) y el poema (escrito en versos heptasílabos y endecasílabos, excepto el segundo, pentasílabo, que hubiera podido mudar fácilmente en heptasílabo agregando “muchos” tras otros) “Leer, leer, leer, vivir la vida”, de Unamuno, que dice así: “Leer, leer, leer, vivir la vida / que otros soñaron. / Leer, leer, leer, el alma olvida / las cosas que pasaron. / Se quedan las que quedan, las ficciones, / las flores de la pluma, / las solas, las humanas creaciones, / el poso de la espuma. / Leer, leer, leer, ¿seré lectura / mañana también yo? / ¿Seré mi creador, mi criatura, / seré lo que pasó?”.      (Continúa.)

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