Solo en un vagón lleno de gente

Adrià Sánchez Campo|

Actualizado el 29/11/2018 a las 10:23

Compartimos vagón y poco más que eso. No nos miramos a los ojos, no hay sonrisas cómplices, no nos preguntamos qué tal estamos... Y es que ya sabemos la respuesta: estamos ocupados. Toda nuestra atención está centrada en un aparato que tiene el tamaño de nuestra mano. A él sí que le sonreímos, le hablamos y también le lloramos. Pocas veces nos damos cuenta de que, a la vez de hiperconectarnos a las redes, también nos desconecta de lo que nos rodea. Nos hace estar solos en este vagón lleno de gente. Casi me alegro de cuando hay alguna grieta en esta rutina, como cuando alguien entra al vagón y hace algo que nos molesta. Eso nos hace descubrirnos y mirarnos, aunque sea con malas caras. Eso sí, poco después volvemos a centrarnos en la pantalla: no sea que se nos escape alguna notificación, una noticia de última hora o un "me gusta" que nos suba el autoestima. No siempre os observo, compañeros de viaje. Hay días que ni siquiera os veo. Otros, como hoy, levanto la mirada y pienso: ¿a dónde nos lleva este tren?

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