Violencia de género
Actualizado el 25/11/2018 a las 10:09
Hoy, 25 de noviembre, es una de esas fechas que nadie desearía celebrar. Una efeméride suele ser correcta solo para un lugar específico de la Tierra. Habitualmente tales efemérides cubren varios siglos del pasado y del futuro. Esta, en concreto, envuelve desgraciadamente nuestro país. Poco tiene de celebración el día internacional de la violencia de género. Es un día gris... negro, para tantas personas, familias, que han visto arrebatados a sus seres más queridos. Un día que más que celebrar habría que eliminar del calendario al tiempo que se erradica la violencia de género. Celebrar días tan oscuros solo nos fragmenta aún más como sociedad. No podemos avanzar hacia la igualdad mientras sigamos perpetuando diferencias tan marcadas aunque solo sea en el calendario.
El día internacional del hombre también existe... y está ahí fuera. Es el 19 de noviembre. Las diferencias de género existen pero tenemos la posibilidad y la responsabilidad de caminar juntos en la misma dirección. Eso implica tener conciencia y, sobre todo, motivación de cambio. El 25 de noviembre se está convirtiendo paulatinamente en arte de trincheras. Durante la Primera Guerra Mundial era común que los soldados en el frente de batalla recibieran postales en blanco (llamadas Feldpostkarten) para que se comunicaran con sus familiares en casa. Muchos escribían mensajes detallados pero otros, como el joven alemán Otto Schubert, prefirieron enviar pequeñas obras de arte. Cada año somos más sofisticados a la hora de "celebrar" este macabro día y hemos convertido una guerra de trincheras en arte. Y convertir la guerra en arte tiene sus inconvenientes. Como, por ejemplo, la creciente fragmentación de la sociedad. Y lo cierto es que mientras sigamos inmersos en ese continuum de celebración y diferenciación, seguiremos alimentando, casi de forma automática, patrones de indefensión y violencia. Y así, seguiremos asistiendo, perplejos, a la sucesión de manadas, en lugar de su disolución. Seguiremos observando cómo la violencia habitual es tipificada como ocasional, cómo la impunidad sigue marcando tendencia. Como siempre, tendremos que seguir mirando fuera para percatarnos de que existen otras formas de hacer, que la violencia es independiente del género, que celebrar por costumbre lo que nos daña por hábito no nos devolverá a nuestros seres queridos... ni siquiera liberará a quien nos hirió.