Estadista

Rafael Berro Úriz|

Publicado el 24/11/2018 a las 09:27

Los países afortunados tienen (o tenían) gobernantes estadistas que actúan mirando al largo plazo. En los otros se gobierna pensando en el corto plazo, en ganar las próximas elecciones. La maledicencia nos había hablado de un Pedro Sánchez oportunista y cortoplacista. Sin embargo se nos ha presentado como estadista al anunciar que en 2030 no habrá centrales nucleares ni de carbón; y que en 2040 no habrá coches de gasolina ni de gasoil. Así que es muy posible que el estadista Sánchez esté ya preparando los presupuestos del Estado de 2040, negociándolos con Podemos. Y al no ser cortoplacista no ha dado importancia al hecho de que no haya presupuestos para el año que viene. Aunque como le escuece sufrir una derrota, no los presentará si no puede sacarlos adelante. Ahí es cortoplacista, pero ya se sabe que el mejor escribano echa un borrón.

Su conversión en estadista se ha debido al parecer a la presencia de un astronauta en el Gabinete. Pedro Duque ha contemplado la Tierra desde lejos, desde el espacio, y eso desarrolla el hábito de mirar lo lejano, o sea la mirada del estadista. Y si un ministro tiene visión larga, un Sánchez Presidente no puede ser menos. Es en este contexto de un Gobierno que mira a veintidós años vista donde conviene situar, para entenderlas bien, medidas que Sánchez está sugiriendo y anunciando en relación con el nacionalismo catalán (y vasco). Más pronto que tarde va a indultar a los golpistas catalanes, y el golpe de Estado va a dejar de ser delito de rebelión y de sedición; y en vez de castigar el delito de haber dado un golpe de Estado, el estadista Sánchez lo va a premiar con nuevas concesiones estatutarias a los golpistas y con un sistema de enseñanza casi soberano, propio de un Estado independiente, donde se podrá estudiar el español como se estudian otros idiomas extranjeros y donde se lavará el cerebro de los niños y adolescentes catalanes con más intensidad aún que ahora. Con este cóctel de medidas, lo más probable es que en 2040 Cataluña sea ya independiente, previo golpe de Estado, esa vez definitivo. Y Euskadi no será menos, pues son también raza superior. La política del estadista se encamina a que en 2040 España sea un jardín sin contaminación (¿con la energía carísima?) y a que haya desaparecido el problema nacionalista. Ya no habrá independentistas porque habrán conseguido la independencia. El estadista va rumbo a una España que será un trozo de lo que es.

Pero además de mirar lejos hacia el futuro mira también hacia el pasado (1936). La Memoria Histórica del estadista ha de llevar a cabo ahí una misión histórica grande: hacer que reine la justicia definitiva estableciendo por decreto-ley la inocencia de la República, prohibiendo que en las tesis doctorales y en los libros de Historia aparezcan los fraudes electorales republicanos de Febrero del 36, las torturas y asesinatos de curas, monjas, cristianos de a pie, Calvo Sotelo, Paracuellos, Andreu Nin; la entrega del oro … Y ha de castigar (multa, expulsión de la docencia …) a quien sostenga que Franco ganó la guerra, por enaltecer su figura; a quien visite su tumba, por fascista ... Pero eso sí, Sánchez acaba de visitar con devoto recogimiento las tumbas de Mohamed V y Hassan II, dos gobernantes no demócratas. Y en su reciente viaje a Cuba ha enaltecido al dictador comunista (ha ninguneado a la oposición). En resumen, que el estadista es bastante farsante y se ocupa del futuro y del pasado, y no de que el hoy mejore.

Para ese 2040 en el que piensan los estadistas, la derecha materialista vacía de principios será culturalmente irrelevante, y en el mejor de los casos servirá sólo para arreglar cada equis años los desastres económicos causados o agudizados por la izquierda. ¿Y Navarra? ¿Nafarroa será ya Euskadi y estará fuera de España? El PSN no lo va a poner fácil. Exigirá nada menos que Chivite sea antes Presidenta de Navarra. Con un par.

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