Cuando una/o se enamora se enamora (2)
Publicado el 08/11/2018 a las 10:29
(sigue.) “Y volvió hacia el zorro: “—Adiós —dijo. “—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. “—Lo esencial es invisible a los ojos —repitió el principito, a fin de acordarse. “—El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante. “—El tiempo que perdí por mi rosa… —dijo el principito, a fin de acordarse. “—Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa… “—Soy responsable de mi rosa… —repitió el principito, a fin de acordarse”. Por si no has leído aún la novela corta, Pilar, se impone que eche mano de la primera parte del diálogo que sostienen el principito y el zorro (un zorro de marca mayor; o sea, astuto —hábil para lograr cualquier fin o reto— y taimado —pronto en advertirlo todo—), donde el zorro responde a la pregunta insistente del principito de qué significa “domesticar”: “—Es una cosa demasiado olvidada —dijo el zorro—. Significa “crear lazos”. “—¿Crear lazos? “—Sí —dijo el zorro—. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo...”. Así como Antoine habla de su esposa Consuelo en su obra (es su encarecida “rosa”), yo hablo de ti, mi “Chelo”, en esta carta. Tú, Pilar, eres para mí la señera señora, la única y sin par (eso significa, precisamente señera) del mundo. De las mentadas palabras de Saint-Exupéry las únicas que me chirrían son los verbos “perdiste” y “perdí”, que yo hubiera mudado por “invertiste” e “invertí”. Cuando releí la novela, siendo adulto, el secreto, simple, simplísimo, del taimado zorro me recordó el principio de economía o parsimonia de Guillermo de Ockham, su famosa “navaja” (que formuló de varias maneras, entre ellas esta: “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”): “No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”. Con otras palabras, la belleza está, además de en el interior y en las obras de la persona amada, en los ojos de quien pondera esos frutos y la ama. Te ama tanto que hasta se asusta al comprobar la calidad, la calidez y la cantidad del amor que te profesa Ángel Sáez García angelsaez.otramotro@gmail.com