Los abusos en nuestra sociedad

Pablo Castrillo|

Publicado el 06/11/2018 a las 08:48

El otro día me contaba un amigo, disgustado, que estaba teniendo problemas para organizar una reunión de simpatizantes de su partido político. No porque le faltara quorum, sino porque se había quedado sin ágora. Tenían reservado un bar, o un restaurante, pero el dueño llamó de improviso para decir que su local ya no estaba disponible. Se reunieron con el buen hombre, quien relató que había recibido amenazas que iban desde el vandalismo -pintadas, cristaleras rotas- hasta la muerte. Decía el hostelero que bastantes problemas tenía con pagar sus licencias, sus nóminas y alquileres y hacer negocio de mes a mes. Me pareció comprensible pero también triste. Porque si los ciudadanos ordinarios no tenemos los principios o el ánimo -o ambas cosas- para plantar cara a los matones, para defender la libertad a costa del propio bolsillo, y para jugarnos la cara cuando haga falta, nadie lo hará por nosotros. Hace ya tiempo que ha sedimentado en la sociedad la idea de que hay ciertos abusos que no merece la pena confrontar. De nuevo, es fácilmente disculpable, porque todos tenemos la experiencia de tener suficientes problemas como para que nos vengan con más. Pero cada claudicación en este sentido es un paso atrás en madurez ciudadana. Toda democracia es la suma de sus individuos y sus instituciones, y los primeros hacen las segundas. Por este camino, lo único que cabe esperar es una sociedad totalitaria enmascarada bajo las apariencias de algunos ritos democráticos.

Pocos oirán hablar de este pequeño y discreto episodio que, a fin de cuentas, sólo ha resultado en un quebradero de cabeza más para los cuatro gatos que querían organizar ese encuentro. Si no fuera tan mal pensado, estaría convencido de que nada tiene que ver con que el partido en cuestión campe por la derecha. “Extrema”, dirán los que han amenazado de muerte al buen tabernero.

Pablo Castrillo

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