La historia interminable
Publicado el 05/11/2018 a las 09:04
Por mi condición de representante sindical y por el respeto que me merecen, procuro no responder a opiniones particulares, a excepción de aquellas que incluyen descalificaciones personales como es el caso de la carta publicada en este periódico el pasado día 27.
Está claro que no tengo suerte con los repartos, y no solo con el de los fondos adicionales. Es evidente que a la señora Berrozpe los dioses le ungieron con el don de la clarividencia, mientras que a mí me dejaron la insensatez (según su escrito). Ahora bien, si además le hubieran otorgado una pizca de mesura y otra de respeto, lo habrían bordado. Gracias a esa visión privilegiada ha descubierto que el acuerdo no ha buscado mejorar las condiciones de algunos colectivos, sino que en realidad se ha tratado de una conspiración entre la Administración y los sindicatos firmantes para fastidiar al colectivo de TCAE, en el que por cierto me incluyo. Y así, se permite ‘arrear estopa’ a los conspiradores - hace unos días le tocó a Isabel Artieda, de LAB, y ahora a mí - y pontificar sobre lo que es justo y lo que no.
Pero su campo de acción no se limita a los sindicatos. Hace quince años hubo una subida en el complemento específico de un 8% para Enfermería, Técnicos y TCAEs y del 1% para celadores. Este último colectivo llevó a cabo protestas al sentirse agraviado por su menor incremento. A la señora Berrozpe tampoco le pareció bien el inconformismo de los celadores, y el 16 de octubre de 2003 escribió un artículo de opinión en el que, aparte de dirigirse a ellos despectivamente como el “ejército de Pancho Villa”, nos obsequiaba con algunas de sus perlas.
En aquel artículo sugería que el aumento de solo un 1 % sería para “compensar que anteriormente les habían subido el complemento de manera desproporcionada y arbitraria”.
Veamos. Hasta la transferencia de la competencia de Salud, el trabajo de celador en el Hospital de Navarra lo venían desempeñando los denominados EVL (nivel D) y durante unos cuantos años convivieron, compartiendo puestos y realizando las mismas funciones, con los propios celadores (nivel E), y la diferencia salarial entre ambos nombramientos que realizaban las mismas funciones fue lo que motivó el aumento en el complemento de estos últimos. Por tanto, el incremento no fue ni arbitrario ni desproporcionado. Conviene saber bien las cosas antes de ofender con semejante ligereza. También argumentaba que “si a los celadores les hubieran subido el 8 %, pasarían a cobrar de complemento 95 euros más que las auxiliares y entonces serían ellas las discriminadas”.
Aplastante argumento. Lo que no nos explicaba la señora Berrozpe en aquella carta es por qué el complemento específico de un colectivo del nivel E no podía ser mayor que el de uno del D, pero sin embargo no suponía problema alguno que con aquella subida, el del nivel D (30’67%) pasara a cobrar en el complemento 40 euros más que un facultativo sin exclusividad, nivel A , (16’30%). Tal vez ahora se anime y nos lo quiera explicar, aunque da la sensación que la explicación es muy sencilla: todo lo que le favorece a ella es justo y lo que beneficia a otros, injusto.
Respecto a desdoblar el nivel C en C1 y C2, podemos estar de acuerdo y es bastante probable que cuando se reestructuren los niveles se pueda quedar así, pero a día de hoy tenemos que trabajar con lo que está en vigor y no con futuribles.
En cuanto a la equiparación salarial, repetir que eso se da solo cuando un colectivo pasa a cobrar exactamente lo mismo que otro, aquí y en Sebastopol, y eso no se va a producir entre TCAEs y celadores, por mucho que la señora Berrozpe se empeñe en confundir. Y sobre que la carrera profesional no vaya a ser para todo el personal, en fin, decirle que así está en los servicios de Salud del resto de Comunidades. Pero si así es feliz, puede seguir haciéndose trampas en su solitario particular. Aunque, en todo caso, le recomiendo procure enterarse mejor.
Carmen Pueyo Basterra Secretaria General de la Federación de Sanidad de CCOO de Navarra