Partida de parchís
Actualizado el 05/11/2018 a las 13:26
Tira el dado. Un cinco. Las fichas en sus casillas de salida empiezan a jugar. El rojo empieza a mover, el azul adelanta y parece que va en cabeza pero aparece el verde y toma posición en la carrera. Entonces aparece el amarillo, que aunque parece menos ágil poco a poco con paso firme y decidido va avanzando. El azul se va para casa. El rojo vuelve a ir en cabeza y en ese momento el verde viendo que pierde posiciones decide tomar la delantera. Con sigilo lanza el dado y mueve seis, pero pronto el rojo se da cuenta de que solo marca uno. Decide callarse y con mirada fija en la ficha verde sigue adelante. La partida se pone emocionante porque ya termina la primera ronda y pronto llegan a sus casillas de resguardo. Es entonces cuando el rojo ve que es su momento. Lanza el dado y marcando cuatro consigue comer a la ficha azul que le llevaba la delantera; de manera que no solo se lo quita de en medio sino que también consigue avanzar 20 puestos. Esta vez quien se da cuenta es el verde pero teme delatarle ya que puede tomárselo en su contra. Así continúa la partida con idas y venidas, trampas e inocentadas. Una jugada llena de engaños en la que uno sospecha pero nunca llega a decir nada por miedo a que le saquen los trapos sucios a él también. La política de España es como el parchís. Unos van y otros vienen pero ninguno se salva. Ya no es una cuestión de derechas o de izquierdas sino de moral. Todos tienen las manos manchadas de sangre. Tenemos problemas por todas partes pero no somos capaces de resolverlos por el miedo, odio e ira encerrada en cada uno. Nos basamos en hechos lejanos para escondernos de todo aquello que va corrompiendo nuestra sociedad, aquí y ahora. Vemos los terribles acontecimientos que rodean a nuestro país pero como no tenemos capacidad para paliar nuestras penas no nos enfrentamos a sucesos internacionales ya que todo nos salpica. Dejemos de tapar agujeros y empecemos a dar la cara.