Amiguismo nacionalista
Publicado el 04/11/2018 a las 10:09
El 17 de octubre el TAN (Tribunal Administrativo de Navarra) dictaminó que Bildu había incumplido la ley al ceder el Palacio Redín y Cruzat a entidades afines al abertzalismo. El TAN llegó a hablar de “la ingeniería dialéctica vertida por el Ayuntamiento para defender la legalidad del acto impugnado”, o sea del descaro de los de Asirón para manipular la verdad. Es la última cacicada por el momento. Ha habido otras. En junio pasado, el TAN hizo lo mismo con respecto al edificio Antzara de Mendillorri, en el que siguen los que estaban. Y en vez de anular esas dos decisiones ilegales, lo que Bildu va a anular y cambiar es la ley, para mantener sus decisiones. Los dictadores no soportan que la ley esté por encima de su voluntad. Otros dos ejemplos tomados de la prensa. Uno: en 2016 el Juzgado Contencioso Administrativo nº 2 de Pamplona declaró irregular la contratación del exalcalde de Barañáin (Nafarroa Bai), Floren Luqui, ex compañero del director del Área Axel Moreno, y ex socio de Andoni Iso, respectivamente Presidente y vocal del tribunal que contrató a Luqui. Y otro: en 2017 el TAN invalidó la adjudicación a la empresa Nommad de un contrato de 27.164,50 euros (la empresa que más puntos había obtenido en el proceso de valoración fue excluida por un supuesto defecto de forma). Podría decirse: “no son los únicos, otros han hecho lo mismo o cosas peores”. Cierto. Ahí están Gurtel o los “Eres” de Andalucía. Pero no todos han hecho lo mismo. A principios de esta legislatura la inquisidora Barkos creó la “Oficina de Buenas prácticas y anticorrupción” para levantar alfombras y buscar corruptelas en la etapa de UPN en el poder. Hace no mucho, una Beaumont desolada reconoció que no habían encontrado nada. Quizás UPN sea el único partido con muchos años de poder en el que ocurre eso. Puede presumir y se merece recompensa electoral por ese hecho.
Los ejemplos citados (hay muchos más) son sólo un indicio de que al nacionalismo no le resultaría fácil pasar con éxito la prueba del levantamiento de alfombras. Pero es que además hay una diferencia fundamental entre los otros partidos y los nacionalistas. En los otros puede haber amiguismo y corrupción porque todos podemos ser corruptos, pero su ideología no estimula esas malas prácticas. El nacionalismo sin embargo sobrevalora y da primacía y preferencia a lo propio, a “lo nuestro” a “lo de aquí” y eso no hace más que estimular el egoísmo insaciable, la insolidaridad, la deslealtad (traición), el amiguismo, y el menosprecio de los intereses generales, de lo universal. Todo esto es cien por cien nacionalista. Por eso es absurdo y desastroso que la izquierda (sus intereses fueron universales) ampare aquí al nacionalismo.
Como el euskera es la clave de la “construcción nacional”, “lo nuestro” por antonomasia para los abertzales es el euskera, y “los nuestros” son los que lo conocen, lo usan y lo difunden. Y llevamos toda la legislatura con el nacionalismo haciendo de las suyas, favoreciendo a sus “los nuestros” y negando derechos a los que no considera “nuestros”. Valdría la pena saber a cuántos navarros han impedido los nacionalistas acceder a una plaza de funcionario, bien por el procedimiento de impedir presentarse a las oposiciones a quienes no conocen el euskera, bien por el de regalar puntos a los que sí lo conocen para que, en las oposiciones, se pongan por delante de los que no lo saben. Estas víctimas del nacionalismo son sin duda en su mayoría jóvenes que necesitan un puesto de trabajo para organizar su vida. ¿Serán masoquistas y posibilitarán que el nacionalismo continúe gobernando tras las próximas elecciones?
Rafael Berro Úriz