Respeto a la dignidad de los antepasados

Julián Sainz Barbarin|

Publicado el 03/11/2018 a las 09:27

En la edición del pasado día 27 se recoge en este medio de comunicación la información sobre la retirada de una placa en recuerdo a ocho fallecidos de Zufia en la guerra civil. Con la publicación de esta carta deseo ampliar su contenido, tratando de hacer un relato complementario y veraz de todo lo ocurrido. En la citada localidad de Estella nunca se ha manifestado deseo ni producido solicitud para que se quitara una placa a la memoria de ocho vecinos fallecidos en la Guerra Civil. Lo que ahora ha producido división en el pueblo ha sido la decisión del Ayuntamiento de Metauten, con mayoría de concejales de la candidatura “Sarzaleta”, amparándose en que era una obligación derivada de la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica 52/2007 de 26 de diciembre.

El citado texto legal , en su artículo 15, punto primero, dice textualmente “Las administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos,insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva,de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la dictadura” y en su punto segundo matiza que “lo previsto en el número anterior no será de aplicación cuando las menciones sean de estricto recuerdo privado, sin exaltación de los enfrentados, o cuando concurran razones artísticas, arquitectónicas o artístico-religiosas protegidas por la ley.”

Las familias de los fallecidos, así como el conjunto de los vecinos del pueblo, siempre han manifestado su conformidad con el cumplimiento de la citada Ley, pero dudan seriamente de que sea aplicable a este caso. Y por ello no aceptan una imposición del Ayuntamiento y desean que sea la autoridad judicial competente quien determine si la citada placa esta o no bajo la aplicación de la Ley. El Ayuntamiento tomó el acuerdo en sesión del día 6 de septiembre, sin dar ninguna información ni participación a los afectados ni a los vecinos, y el día 22 envía una nota escrita a todos los vecinos, indicando que el día 26, a las diez y media, se iba a proceder a la retirada de la placa. La oposición de los vecinos también viene refrendada por el hecho de que el Ayuntamiento se haya negado a valorar la propuesta aceptada por el Gobierno de Navarra, para que se retirasen únicamente aquellas “partes simbólicas” que pudieran existir en la placa, y que supusieran-si fuera el caso - la exaltación de la victoria del régimen franquista, manteniendo el resto del conjunto.

Con el escaso tiempo de información a los vecinos, estos recogieron firmas solicitando una reunión, primero con el Presidente del Concejo y después con la alcaldesa del Ayuntamiento, renunciando ambos a cualquier tipo de reunión. Esto demuestra el nulo talante de diálogo y su carácter impositivo, quiero suponer que siguiendo instrucciones sectarias del grupo político al que puedan pertenecer. Se hizo llegar al Ayuntamiento una copia del recurso interpuesto ante el Tribunal Administrativo de Navarra, solicitándoles que paralizaran la ejecución de su acuerdo hasta la resolución del recurso, y también desoyeron tan sensata petición. En el momento de la retirada de la placa, los concejales que habían tomado tal decisión no tuvieron la valentía de hablar con los vecinos allí presentes; sus miradas, perdidas en el suelo, no resistían el ultraje que estaban cometiendo con su pueblo, con su gente, con sus vecinos y con su historia.

El Ayuntamiento, para garantizar la ejecución de su acuerdo y quiero pensar que también su tranquilidad, solicitó previamente la presencia de la Policía Foral, hecho que se produjo con la asistencia de dos furgones de las unidades especiales de Intervención desplazados desde Pamplona, y de dos unidades de Prevención y Seguridad Ciudadana de la Comisaría de Estella. Todo este despilfarro de recursos públicos para garantizar la seguridad ante un pueblo pacífico de unos ochenta vecinos, muchos de ellos, en un viernes por la mañana, en sus labores agrícolas, laborales, escolares o familiares. Por cierto, que la actuación de la Policía Foral fue en todo momento exquisita y profesional, como también lo fue el comportamiento de los vecinos allí congregados.

El párroco del pueblo, como representante del Arzobispado, titular de la Iglesia en cuya pared estaba adosada la placa, intentó por todos los medios conseguir la paralización, al menos temporal hasta la resolución judicial,de la retirada de la placa pero nada pudo conseguir ante la decisión del Ayuntamiento. A mi juicio, parte de culpa de la situación creada la tiene el Arzobispado por no haberse opuesto administrativamente, en tiempo y forma, a los acuerdos del Ayuntamiento y no haberlos recurrido hasta las últimas instancias judiciales. Confío que en el día de Todos los Santos, también este año, ante el vacío silencioso de la placa se haya rezado un responso, como siempre se ha hecho, por los vecinos que figuraban en la placa y por todos los caídos en la guerra, sin distinción alguna. Las personas que no respetan la dignidad de sus antepasados, no son dignos de la suya propia .

Deseo terminar haciendo una llamada para que este desencuentro no afecte a la convivencia que debe de reinar en un pueblo como el nuestro, donde siempre debe de primar la armonía, la colaboración , la buena vecindad, la paz y la concordia.

Julián Sainz Barbarin, natural de Zufia.

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