No todos quieren entender a Pablo Neruda

Lucía Alonso|

Publicado el 03/11/2018 a las 11:13

Probablemente todos hayamos escuchado alguna vez este famoso verso de Pablo Neruda: "Me gustas cuando callas porque estás como ausente", o al menos eso espero. Pero seguro que no solo habéis escuchado versos o poemas de Neruda, sospecho que también conoceréis a Machado, Salinas, Miguel Hernández... Sin embargo me atrevo a dudar cuántos en algún momento hemos leído realmente poesía. La poesía es una forma de literatura que difiere en muchos aspectos del resto de manifestaciones literarias como el cuento, la novela o el ensayo. Es una literatura, a mi parecer, más explícita que ninguna. Los autores se desgarran las entrañas en cada poema sin que seamos capaces de darnos cuenta. La poesía es más que un compás y palabras que suenan bien. Parte de la necesidad que todos tenemos de dar forma a un ritmo que llevamos  dentro. Es una biografía del autor, que se descubre a sí mismo en cada palabra. Es música y es teatro. Es baile y es pintura, todo recogido en unos versos en ocasiones difíciles de entender. Es ingenio e imaginación. Es escuchar y transmitir, pensar y transcribir. Incluso llega a ser más que belleza, es un horror hermoso. Si sabemos comprenderla, podemos llegar a vernos reflejados en ella. Es alivio de muchas penas y refugio de desconsolados. Los poemas nunca tienen un tema único, y creo que es lo que hace a la poesía tan distinta del resto de formas literarias. Cada persona interpreta cada poema de manera muy distinta. Un mismo poema puede ser de desamor para un corazón roto, o de añoranza del hogar para un emigrante. Durante la vida de estudiantes aprendemos de memoria las características de cada autor, su métrica, su estilo, sus temas. Y sin embargo, nunca nos han enseñado como calzarnos los zapatos de estas personas, que se dejan la piel en esos versos, que se sinceran con el lector en cada palabra, verso y estrofa.  Sin la poesía los hombres seriamos medias personas, la necesitamos. La poesía es como un diario personal, tanto de autores como de lectores. Es literatura sin reglas y sin normas, es escribir sin censura. Es hacer arte con las palabras pero sobre todo con los pensamientos. La poesía bombea vida en cada sílaba. La poesía bombea incluso muerte. Sin embargo la poesía no admite a cualquiera, porque no todos estamos dispuestos a entenderla ni a aceptarla. No podemos, no porque no queramos, sino porque tampoco nos han enseñado correctamente a quererla como el arte que es. No siempre tenemos la disposición para fundirnos con su misterio. No vale cualquier lugar, cualquier hora, ni siquiera compañía cualquiera. Tampoco admite a todos los autores, excluye la poesía comercial, banal, sin fondo, la que no arrastra sentimientos. La poesía que es forzada y que termina siendo un simple juego de palabras que acaban con las mismas letras. La que solo se vale del sonido y de la belleza. La poesía va más allá de lo mundano y de lo superficial y es la expresión más sincera de lo que ocurre dentro de la mente y el alma humana. 

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