Navarro ausente, el regreso

Javier Gamazo|

Publicado el 27/10/2018 a las 09:20

En el camino de regreso a nuestra Tierra paré en Ágreda y visité a Sor María en su monasterio. Observé la estatua de la beata con un dedo señalando el cielo y me dio mucho que pensar. Recordé el don de la bilocación que al parecer poseía. Y es que mientras vivía en Granada, durante quince años, muy a menudo mis pensamientos me transportaban a Pamplona. Así, de pronto, me encontraba de nuevo en nuestra preciosas calles, txokos, plazas, huertas, parques y caminos. En mi “viaje astral” solía encontrarme con el niño que fui, curioseándolo todo, corriendo siempre porque llegaba tarde a casa; otras, con el preadolescente eternamente enamorado que realizaba sus primeros torpes escarceos en el arte de la seducción. Así pues, yo también era capaz de estar en dos sitios a la vez. Siempre se dice, “no regreses al lugar donde fuiste feliz”, pero no estoy de acuerdo. El recuerdo ha de ser agradecido con nuestras vivencias, todas ellas, las felices y las no tanto; sin ellas, perdemos lo fundamental de nuestras identidades, nuestra biografía. En ésta se encuentran las personas que amamos y nos amaron. El amor es también el motivo del regreso de este “navarro ausente”, como lo fue también el de su migración. Ahora es el amor a nuestra queridísima tierra, a la familia, a nuestra gente y a todo lo que contiene Navarra, desde Tudela a Dantxarinea, y más allá...

En el exilio, se pasa de todo los colores, pero también se aprende mucho sobre uno mismo. Es posible que sea necesario tomar distancia prolongada para poseer una perspectiva útil. En Granada fui el mejor vendedor de todo lo navarro que haya conocido nunca, modestia aparte. La antropología cultural nos dice que es preciso ser cautos con lo que un indígena cuenta sobre su cultura, la idealizamos, mostrando sólo los aspectos que más nos gusta mostrar. Ahora bien, quienes no hayan vivido largos años fuera del ámbito de su cultura es difícil que comprendan los porqués de ese chovinismo. Pero claro, esto tiene su carga de responsabilidad; cuando aseguraba que los navarros somos gente noble, no podía permitirme ser de otra manera. Ahora, ya de vuelta a casa, tal responsabilidad sigue en vigor. En fin, trabajo tengo por delante con semejante reto, pero cuento una gran motivación, el amor y la fidelidad a nuestra Tierra. Volver es renacer.

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