Obsesiones y educación totalitaria
Publicado el 20/10/2018 a las 10:34
Viene a cuento recordar el fenómeno psicológico de la proyección, en el que se basa por ejemplo el test de Roscharch. En él, el sujeto cuya personalidad se quiere conocer ha de interpretar unas manchas de tinta. Se piensa que al interpretar lo que ve, proyecta fuera (en el objeto) lo que tiene dentro (en la mente), y cuanto más obseso sea, más relacionará todo con su obsesión. Si además el obseso tiene poder para obligar a otros, cuanto más obseso sea, más tenderá a ser dictatorial, a imponer opiniones y conductas vinculadas con su obsesión. Ha ocurrido repetidamente. Los nazis estaban obsesionados con la raza y proyectaban sus obsesiones en la infancia e imponían una educación totalitaria que transmitía sus ideas obsesivas y propiciaba conductas acordes con su obsesión.
Ocurrió lo mismo en el marxismo. Los obsesos marxistas estaban además convencidos del carácter científico de su obsesión (el marxismo era la ciencia de la historia) y donde lograban el poder proyectaban sus obsesiones sobre la infancia e imponían la educación totalitaria encaminada a construir en las nuevas generaciones el “hombre nuevo” que haría realidad la igualdad, la sociedad sin conflictos, el paraíso sin clases en la tierra, el hombres sin Dios ... Su educación pretendía ser científica, como su filosofía. Hoy se sabe que era seudociencia. Pero las obsesiones no han desaparecido. Los obsesos actuales de la ideología de género, del feminismo radical y de los colectivos LGTBI proyectan a su vez sus obsesiones afectivosexuales sobre la infancia y están empeñados también en educarla totalitariamente imponiéndole su ideología. Lobbys ricos y poderosos apoyan ese empeño. En Navarra el cuatripartito ha decidido hacer ese trabajo sectario estableciendo como obligatorio en el sistema educativo el programa “Skolae”.
Que el proyecto del cuatripartito es también totalitario es indudable: trata de aplicar el programa “Skolae” desde los cero años (programa 0-6 años), o sea de moldear desde el minuto uno durante toda la infancia y juventud, la mente de todos los niños navarros. También lo es porque el cuatripartito pretende imponerlo aunque los padres de los alumnos lo rechacen. No respeta su derecho a decir “no” a esa educación, aun cuando aquí debiera valer lo del “no” es “no”. El proyecto impone una visión materialista del hombre (de extrema izquierda en origen pero consentida ya por la derecha materialista “Geroa Bai”), del sexo y de los roles sociales (ideología LGTBI, de género y feminismo radical) a toda la sociedad. Argumentar a favor de ese programa totalitario como se hizo aquí en el Parlamento, en base a la existencia de enfermedades de transmisión sexual es un mal chiste. Se merece un contraargumento bien eficaz: sacar al cuatripartito del poder. Podría aplicarse a este caso la frase de Marx “la historia se repite, primero como tragedia y después como farsa”.
Hace ochenta años acabó en tragedia el intento de los obsesos de imponer aquí el “hombre nuevo” marxista, su igualdad, su paraíso en la tierra ... Intento repleto de “buenas intenciones”, prepotencia y pretensión científica.
Los promotores de la farsa actual exhiben parecidas “buenas intenciones” (tan “buenas” que se creen con derecho a imponerlas totalitariamente), prepotencia y seudociencia antinatural, y quieren imponernos con el “Skolae” otro “hombre nuevo”: que elige y cambia su sexo a voluntad siguiendo la ideología de género, vive sin conflictos en la igualdad y en el placer una vida materialista, consume sexo, aborta a voluntad y consigue el paraíso sexual en la tierra. “Hombre nuevo” que recuerda a los antropoides de “La Máquina del tiempo” (Wells) y de “Un mundo feliz” (Huxley). ¿Qué harán los padres? ¿Dejar dócilmente a sus hijos en manos del totalitario Estado educador o exigir sus derechos reconocidos en la Constitución? ¿Y los colegios de ideario religioso? ¿Y la jerarquía?