Para quererte fue preciso verte (1)
Publicado el 17/10/2018 a las 13:41
PARA QUERERTE FUE PRECISO VERTE Amada Pilar: Los seres humanos somos un batido, cóctel, combinado o mezcla de nuestra historia personal, singular, privada, con nuestra historia social, grupal, pública. Aquello que nos ha pasado (o que le ha acaecido a un allegado, amigo o deudo próximo, o a algún otro tal de estos últimos) nos influye; ahora bien, si esa influencia es total, completa, absoluta, puede que nos marque (y hasta que nos deje una señal o muesca en la memoria y aun en el alma). De aquello que presenciamos, o sea, que vimos o vemos y/u oímos cerca o por televisión, podemos aducir tres cuartos de lo propio. Las cosas buenas, regulares y malas que nos ocurrieron o que sucedieron ante nuestros ojos dejaron un poso (mayor o menor) en nosotros. Y, para coronar la idea que tengo entre manos, concluyo que he sacado de la manga o de la chistera de mi cacumen lo que podría haber propalado antaño Perogrullo, que cuanto nos pasó otrora en nuestra vida nos ha convertido en las personas que somos ahora. Para quererte, Pilar, fue preciso que previamente pudiera verte. Para admirarte necesité antes mirarte. Fue necesario y un verdadero placer, que devino, por arte de magia, divino, conversar contigo para comprobar lo obvio, que te amaba aún más; y, aunque llegué a sentir, en momentos puntuales, miedo (que, mientras duraban esos susodichos instantes, mereció el adjetivo calificativo de cerval, que le puse a la vera), logré esperanzarme y apasionarme por ti, egregia y excelsa fémina, cada vez un poco más; y, al mismo tiempo, conseguí lo que pretendía, venerarte, glorificarte y adorarte. (Continúa.)