Vemos a las personas como somos (1)

Ángel Sáez García|

Publicado el 10/10/2018 a las 17:22

VEMOS A LAS PERSONAS COMO SOMOS (1)    Amada Pilar:    Somos legión (o formamos un buen montón, pila o piña) quienes nos sabemos de memoria, al menos, la primera frase del párrafo inicial de varias obras literarias (clásicas o no); verbigracia, cómo arranca el “18 Brumario de Luis Bonaparte”, de Karl Marx (“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa“). Como para mí, tú, Pilar, eres un personaje clave y fundamental, la persona que, andando el tiempo, devendrá en la más importante de mi vida, es mi deseo y mi esperanza que seas una excepción a la susodicha regla marxista, no como, me consta, lo fue Ewelina Hanska para Honoré de Balzac. Así que concédeme la licencia que te solicito con especial encarecimiento de que hoy no vea en ti a la citada Ewelina, la joven condesa polaca de la que se enamoró perdidamente Balzac, al leer este las epístolas que le mandaba “La extranjera” (así firmaba Ewelina sus misivas) desde Rusia. Y es que no vivieron como matrimonio más que cinco o tres meses (del 14 de marzo o mayo —las fuentes que he consultado no se ponen de acuerdo en el mes—, fecha de sus nupcias, al 18 de agosto de 1850, jornada en la que finó sus días Honoré en París).    En “Los Ciclos del Alma”, su autora, la puertorriqueña Sharon M. Koenig, sostiene que los seres humanos somos capaces de idear, en apenas 24 horas, 60.000 pensamientos (¿de media?; juraría ante la Biblia que sé de algún semejante que no los ideará en toda su vida —por muchos que sean los años que viva—, pero acaso servidor funja aquí, amén de malévolo, de zumbón); y que el grueso de los tales son perjudiciales y recurrentes, ya que recuerdan y recrean episodios del pretérito que infunden tristeza u horror. Si de verdad nos comen el coco, daremos de lleno en el blanco o centro de la diana, esto es, haremos lo correcto, al decidir denominarlos de esa guisa, comecocos. Para escaparnos y alejarnos de los barrotes de su cárcel y olvidarnos definitivamente de ellos, acertaremos, quiero decir, actuaremos con tino y de modo conveniente, si nos decantamos por hacerles el vacío, por ningunearlos.    (Continúa)

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