Vendimias a la antigua
Publicado el 07/10/2018 a las 08:36
El terreno cultivable de muchos pueblos tenía, en otros tiempos, un aspecto desigualmente trazado pues la concentración parcelaria tardaría en llegar y las labores del campo, fuera de algunas fincas de mayor extensión, se realizaban por un campesinado de medianos y pequeños propietarios. En nuestra villa, la agricultura se reducía, en su mayor parte, a la mies pero, con todo, el arbolado y las huertas han perdurado a lo largo de ambos márgenes de los ríos Irati y Salazar.
Las plantaciones de viña variaban por las características del suelo, entre las muy arcillosas como el “Lardín” o las calcáreas de otros parajes. Vistos de lejos, los regulares sembrados y los desproporcionados viñedos prestaban un bello contraste a los términos del municipio. La recogida de uva tenía lugar, según su proceso de maduración, desde mediados de septiembre a finales de octubre. En todos los tajos se formaban se formaban cuadrillas de cualquier edad y condición, en ambiente alegre y de porfía, por más que la tarea comenzase con todos nosotros puestos en línea recta. Las mujeres vendimiaban con otra destreza pues por el suelo, en torno a sus cepas, no quedaba ni rastro de hojas o de granos. La uva se cortaba con tijeras o con ganchos de filo curvo desde el tallo al cesto y del cesto a un canasto de mimbre que un cargador vaciaba en cubos ordenados en un carro, donde se transportaba hasta la cooperativa para el prensado por el estricto orden de llegada. Por el camino, los críos se montaban en sus carros o “galeras” y allí, lanzando gritos de alegría, añadían uva negra a su merienda de pan y Pedro Mayo.
Hoy, tales procedimientos de recogida han perdido su valor por las modernas técnicas de recolección a máquina pero conviene reconocer que Francia, aun siendo el segundo productor mundial de vino, contrata a más de 15.000 vendimiadores españoles todos los años. En cualquier caso, yo tengo por costumbre “racimar” con mi barquilla de fruta esas fuertes uvas que, escondidas entre sarmientos y hojas, se resisten a ser maltratadas por un dispositivo ingenioso y prefieren el cuidado y la buena querencia de una mano natural.