¿Cuánto vale una vida?
Actualizado el 29/09/2018 a las 16:00
Hace unos días falleció una persona, otra más, en la carretera N-121-A, la carretera más trágica en Navarra desde hace décadas, con muchos accidentes, incidentes a diario y con un balance de muertos inasumible por cualquier sociedad avanzada en el Siglo XXI. Un solo fallecido debiera ser inasumible por cualquier sociedad si es evitable, y en esta carretera una gran parte de los fallecidos, por no decir todos, podrían haberse evitado simplemente con haber actuado en dicha carretera. Soluciones, como siempre, más de una, pero las más lógicas serían las siguientes.
En primer lugar, dejar la carretera como está, la peor solución de todas. Segundo, prohibir el paso de camiones, salvo los que empiecen o acaben su ruta en dicha carretera, desde los túneles de Ezcaba hasta Irún. Y tercero, la que había que haberse planteado y realizado desde hace muchos años: autovía desde Pamplona hasta Bayona, sin pasar por Irún, un verdadero embudo de las comunicaciones por carretera.
Llevamos décadas viendo cómo se ponen parches en dicha carretera, tanto de asfalto y hormigón como políticos, y no se llega a nada. Únicamente a que cada vez pase más tráfico por dicha carretera, haya más accidentes y, por supuesto, más muertos y sin que se le dé una solución definitiva a dicha carretera. Actualmente, los túneles de Belate están cerrados al tráfico por obras para la adecuación de dichos túneles a la normativa europea. Si no se adecúan dichos túneles se tendrían que cerrar definitivamente, hasta no completar el total de las obras, y la solución aportada para el tráfico pesado es el de que puedan pasar según qué matrícula tenga el camión -par o impar-. Una chapuza para contentar a no sé quién cuando la solución lógica, durante las obras de Belate, era prohibir el paso de camiones por la N-121-A.
La autovía desde Pamplona hasta Bayona, sin pasar por Irún, “Alternativa Pirineos”, hay que completarla con una actuación no menos importante, como es la remodelación de la Ronda de Pamplona, una ratonera actualmente, haciendo que se pueda llegar desde cualquier autovía y salir por cualquier autovía que llega a Pamplona sin tener que detenerse en semáforos, cruces, rotondas, cedas el paso, y demás cosas raras que existen en la Ronda de Pamplona. Es un verdadero esperpento en el mundo de las carreteras, una gran chapuza de las carreteras de Navarra desde que se construyó hace décadas, realizada con rotondas en vez de cruces a distinto nivel, salidas imposibles, como la salida hacia la autovía A-12, cruces de autovía a autopista con semáforos y rotonda, como la de Zizur, una ronda que tantos incidentes, retenciones, y accidentes provoca a diario en Pamplona y Comarca.
Y sigo pensando, ¿cuánto vale una vida humana? Nada, nada. O nada de nada.
Álvaro López Mata