Conflicto de competencias, ciudadanos sin servicios
Actualizado el 26/09/2018 a las 09:01
Distinguir el límite entre Nuevo Artica y Pamplona es sencillo si uno pasea por el barrio. Basta con mirar al suelo y verá cómo las baldosas cambian de modelo y color. Pero existe otra forma de hacerlo. Si se fija en la barredora del Ayuntamiento de Pamplona, verá cómo se da la vuelta en el mismo limite, dejándonos a los vecinos de Artica mirándola con envidia. El conflicto de competencias sobre la limpieza entre Concejo de Artica y Ayuntamiento de Berrioplano no es más que una más de las consecuencias de una ordenación territorial o administrativa que no funciona. Basta echar un vistazo al barrio para darse cuenta de que la inútil coordinación entre ayuntamientos, las cuestionables decisiones técnicas de los responsables municipales, pero sobre todo la ineficiente organización administrativa y competencial no ofrecen al ciudadano los servicios que reclaman. No hablo desde un posicionamiento político. Las corporaciones que han pasado, sean de un color u otro, se han caracterizado por lo mismo, amateurismo continuado en la toma de decisiones, pésima gestión de las pocas obras que se han ejecutado con retrasos y errores en las mismas y una ineficacia brutal para dar servicios mínimos al ciudadano. No estoy hablando ya de la falta de dotaciones que cualquier pueblo con menos habitantes tiene desde hace años (polideportivo, escuela, etc), sino de servicios mucho más básicos como limpieza, mantenimiento o seguridad. Ahora que la democracia participativa está en el foco, quizás vaya siendo hora de valorar que Nuevo Artica, por dimensiones y situación, y en su necesidad básica de recibir unos servicios acordes a su población, comience un proceso de establecimiento como ente propio o solicite su anexión a Pamplona, tal y como Mendillorri hizo en su día.