Pablo Sarasate, pamplonés universal

María Nagore Ferrer|

Publicado el 21/09/2018 a las 08:51

El 20 de septiembre de 1908, hace ciento diez años, fallecía en su casa de Biarritz -“Villa Navarra”- nuestro artista más universal, Pablo Sarasate. La cantidad y calidad de las condolencias recibidas, procedentes de personalidades e instituciones de todo el mundo, y el gran número de homenajes que se le tributaron son sólo un débil reflejo de lo que representó en su época. Ramiro de Maeztu escribía desde la capital del Reino Unido: “Todos los periódicos de Londres consagran hoy una columna entera a Pablo Sarasate. De ningún otro español contemporáneo escribirían otro tanto el día de su muerte. Era el más alto prestigio español fuera de las fronteras. Y lo merecía. Ningún otro español de nuestro tiempo ha llegado en su oficio a donde Sarasate llegó en el suyo”.

Ciento diez años después, Sarasate sigue siendo conocido y reconocido a nivel mundial. Es uno de los compositores españoles más interpretados internacionalmente y en el ámbito del violín continúa siendo un referente. Sin embargo, aún estamos lejos de conocer la auténtica dimensión de lo que el violinista pamplonés fue y legó a la posteridad. Fernando Pérez Ollo escribía, en un artículo publicado el 9 de abril de 2008 en Diario de Navarra, que “con Sarasate sucede que aquí todo el mundo parece estar al cabo de la calle, pero habremos de confesar que muy pocos de los pamploneses y navarros tienen idea correcta de quién fue don Pablo [...] y de su talla como virtuoso y músico”. Y más adelante: “Cualquier ciudad que contara entre sus hijos con una gloria de esa magnitud la mimaría y la explotaría”.

Sarasate marchó de Pamplona con su familia a los dos años y con once se instaló en París, donde fijaría su residencia. Sin embargo, siempre mantuvo una vinculación especial con su ciudad natal. No faltaba a su cita anual en San Fermín, organizando y subvencionando los famosos Conciertos Matinales de las fiestas con la Orquesta Santa Cecilia - actual Sinfónica de Navarra-, auténtica atracción de los sanfermines de esa época junto con los toros. Legó además al Ayuntamiento de Pamplona todas sus joyas, regalos, condecoraciones, cuadros, diplomas, bustos y recuerdos, además de los muebles y objetos de su casa de París y sus violines y arcos (exceptuando los Stradivarius), con la condición de que “habrán de instalarse en una sala especial, bien accesible al público, que llevará mi nombre”. Donó también a la ciudad su biblioteca musical completa, que se custodia en el Archivo Municipal y constituye una de las mejores colecciones del mundo en literatura violinística. Y dispuso en su testamento generosas cantidades de dinero destinadas a la Casa de Misericordia, a los pobres de la ciudad y a la Escuela de Música Municipal, actual Conservatorio.

Pamplona correspondió siempre al afecto de Sarasate. Además de los calurosos recibimientos y agasajos que recibía el violinista en cada estancia, durante su vida tuvo varios reconocimientos importantes por parte de sus paisanos: en 1893 se descubrió una lápida conmemorativa en el lugar que ocupaba su casa natal en la calle de San Nicolás (actualmente nº 19-21); en 1898 se le entregó un libro de firmas de los habitantes de Pamplona; en 1900 se le nombró Hijo Predilecto de la ciudad; y en 1908 las autoridades pamplonesas gestionaron la concesión de la Gran Cruz de Alfonso XII. Sarasate sigue presente en la memoria colectiva de los navarros, pero no sólo porque da nombre a uno de los principales paseos de Pamplona o porque varias esculturas con su figura adornan la ciudad, sino sobre todo porque su música sigue sonando, porque hemos podido disfrutar hasta hace pocos años del prestigioso Concurso Internacional de Violín (la última edición, en 2015, en el contexto de ‘Sarasate Live!’, ¿volverá a convocarlo el Gobierno de Navarra?) y porque, en una acertada actuación con motivo del centenario de su fallecimiento en 2008, la antigua Sala-Museo ubicada en el Archivo Municipal se amplió y se instaló en el recién inaugurado Palacio del Condestable. Sin embargo, la Sala-Museo pasa desapercibida para paseantes, turistas y peregrinos: sería deseable que el Ayuntamiento colocara algún cartel o identificación en la puerta del Condestable que les advirtiera de que ahí pueden encontrar una de las muestras más interesantes y valiosas de la ciudad. De esta manera se contribuiría a situar a Pamplona en el mapa turístico internacional no sólo por sus fiestas, sino por alojar el legado de nuestro músico más universal. Afortunadamente, en el Archivo Municipal se está finalizando el proceso de catalogación del valioso fondo documental y de partituras de Sarasate.

Las fechas emblemáticas se han convertido en nuestra sociedad en ocasiones para la programación de políticas culturales puntuales. Bienvenidos sean los actos de conmemoración de esta efemérides. Pero no olvidemos que Pamplona tiene la obligación y el privilegio de custodiar y difundir un gran legado que debe seguir siendo una de sus cartas de visita en todo el mundo.

María Nagore Ferrer, profesora titular de Musicología de la Universidad Complutense de Madrid.

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora