Honra, barcos y Barkos
Publicado el 16/09/2018 a las 09:15
La frase “Mi patria quiere mejor honra sin barcos que barcos sin honra” -donde dice “honra” leamos “honor”- la pronunció el almirante Casto Méndez Núñez en el escenario de las Guerras de Independencia suramericanas. Hoy hemos trocado el recio temple de aquellas gentes por otros intereses dudosamente patrióticos y honorables. Seguro que siglo y medio más tarde se hubiese referido don Casto con esta misma máxima al confuso panorama político local en el que hallamos mucho Barkos pero poco honor. En la Navarra actual, ¿quiénes abarrotarían esos “barcos sin honra”? Nepotistas y “amiguetes de amiguitos”, bilocados bilingües (dada la simultaneidad geográfica de su discurso), sectarios ansiosos de poder, exculpadores de sicarios, protectores de malhechores, indolentes con las víctimas, afectuosos con los extraños y despectivos con los propios, chupópteros de subvenciones, exprimidores de la clase media, desterradores de empresas, constructores de “tubicos”, arrojadores por la borda de infraestructuras prometedoras, protectores de “mangutas” y okupas, cercenadores de futuros políglotas, furibundos extremonacionalistas, atolondrados gestores de Consejerías gubernamentales, sembradores de aldeanismo… ¿Sigo? El almirante ensalza la “honra sin barcos” pero, ¿en qué estriba hoy en Navarra esa “honra”? Pues en lo que ha consistido siempre: amor incondicional a esta tierra, clara conciencia de sus raíces, veneración por los ancestrales forjadores, respeto a la orgullosa historia que acarrea, devoción por los símbolos propios -instituciones, himnos, banderas…-, reverencia por las tradiciones heredadas -por las foráneas solo cortesía-, lealtad entre convecinos, sentir como propia a España, estar codo con codo con los compatriotas, ser solidarios con ellos y siempre con la misma fortaleza honorable que demostraron nuestros antecesores, defender la singularidad del “Viejo Reyno” ante quienes la quieran cercenar. No parece difícil, solo hay que hacerlo.
Existiendo tantas razones para la honorabilidad, pregunto: ¿cómo puede resultar comprometedor defender en esta cuatriNavarra la condición de navarro y español? ¿Dónde ha quedado la bizarría que se nos suponía? ¿Por qué soportamos en silencio que nos avasallen nuestros propios dirigentes? ¿Cómo puede haber localidades en las que la gente hable por lo bajini, desapruebe a sus nazional-mandamases, pero no tenga “agallas” para plantarles cara en unas elecciones? ¿Es posible mudar el barullo que rebosa el barco que pilota Barkos por un cargamento honorable y racional, algo “legal, ético y estético”? A estas preguntas responde “muy clarito” la RAE. Dice que ‘honor’ es “cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes….”. Pues eso, “cualidad moral…”
Se cuenta que Hernán Cortés, durante la Conquista de México, quemó sus naves (parece que solamente las despojó y barrenó) para convencer a sus hombres de que la retirada era imposible. Que la señora presidenta deje el barco-Navarra- íntegro y sin estropicios, que no me eche en brazos del “hermano vasco” porque no deseo mudarme de este honroso barco centenario. Yo no quiero ni barcos sin honra ni honra sin barcos, quiero disfrutar de la honra y de los barcos, unos barcos sin agujeros, completamente aparejados y que en su palo mayor luzcan las banderas que deben ondear, no esa bicrucífera por la que usted suspira. Es muy peligroso y nada honorable que alguien dirija una empresa en la que no cree. Teniendo en cuenta que esa empresa es Navarra, ¿es honorable que la señora Barkos la presida cuando lo que desea fervientemente es diluirla en Euskadi? Un aviso a navegantes -sin inquina, con esperanza y deseando una feliz expresidencia-: recordemos que dentro de ocho meses habrá elecciones. ¡Gran día para optar por la honra, enderezar el rumbo y arrojar por la borda del barco-urna al nacional-imperialismo de Barkos y acólitos!