Fanatismo y euskera

Pablo Uriz Urzainqui|

Publicado el 11/09/2018 a las 08:13

Allá por los comienzos de la década de los 70 del siglo pasado, en los alrededores de la pamplonesa calle Martín Azpilicueta, en San Juan, un grupo de mozalbetes amigos éramos fieles asiduos a los bares de la zona. Uno de esos bares -no voy a nombrarlo- era conocido entre nosotros como “el bar de los tontos”. Este “título” no tenía relación con el coeficiente intelectual de sus regidores sino en el siguiente hecho-chascarrillo: cuando pedíamos un pincho, que conservaban templado en la barra del bar mediante un sistema de bandejas rodeadas por agua caliente, el camarero, con solemnidad, cogía con su mano izquierda un platillo, agarraba un palillo con el índice y el pulgar de la derecha, se acercaba a una fuente en la que tenía cortadas porciones de pan, pinchaba una rebanada con el palillo, la llevaba hasta el platillo y, para desclavar el palillo…, ¡zas, ponía encima del cacho de pan todo el “inmaculado y esterilizado” dedazo pulgar de su mano izquierda! Luego pinchaba la ración solicitada, la ponía encima del pan del platillo y nos la servía. En nuestro grupo de amigos esta actitud “pulcra e higiénica” de los camareros era bautizada como de “tonto-tonto, mierda-mierda”, -es decir, yo a lo mío y tú te aguantas-, de aquí nuestro calificativo del bar.

Contar esta batallita me lleva a comentar las cartas publicadas en esta sección del Diario los días 18 de agosto (Andrés Gambra) y 5 de septiembre (José Ignacio Palacios). Nos topamos en ellas, nuevamente, con la insoportable presión de los neófitos euskéricos, hablen o no el idoma. Están ambas cartas relacionadas con el nombre que les han dado a las casas de origen de estas dos personas, sitas en la Villa de Roncal, en el libro titulado “Las casas del Valle de Roncal” editado por la Junta del Valle y el Gobierno de Navarra.

Resulta que, por arte de birlibirloque, la casa de Andrés, “casa Gambra” -con “m”-, pasa “ahora” a llamarse “casa Ganbra -con “n”-y la de José Ignacio se convierte de “casa Villoch”, con “v” y “ch”, en “casa Billotx”, con “b” y “tx”. Ambos, Gambra y Palacios, acreditan documentación de los siglos XVI, XVII y XVIII en la que sus apellidos, y por consiguiente sus casas solariegas, se escriben con “m, b y ch”. Claro, la pregunta que surge inmediatamente es: ¿ha pasado lo mismo con el resto de moradas roncalesas? ¡Ay amigos, el fanatismo de los conversos no tiene límites! (...) En esas estamos: el euskera roncalés original y auténtico, el que respetaba “emes”, “bes” y “ches”, pasó a mejor vida hace un siglo y hoy en el Valle de Roncal, como en tantos otros sitios de Navarra, se trata de introducir a machamartillo el euskera batúa, pasando por encima de tradiciones, personas o cosas.

Actúan al modo “tonto-tonto, mierda-mierda” del camarero sanjuanero: parecen bonitos, buenos, pulcros e higiénicos en sus actitudes, pero la realidad es que les importa un pimiento (¿o quizás es lo que de verdad les gusta?) poner su dedazo encima de cualquiera porque su nueva religión euskérica, de la que son fervientes practicantes, es lo que les manda. Un inciso: los responsables de colocar un mural en Burgui, primer pueblo del Valle de Roncal entrando desde la provincia de Zaragoza, en defensa del Pirineo y redactado exclusivamente en vascuence, siguen sin contestar a mi exigencia, hecha ya en dos ocasiones en esta sección, de que expliquen por qué se ha ignorado en él al idioma castellano que es el masivamente hablado por los habitantes del lugar. Y suma y sigue… Volvemos a comprobar en el asunto del batúa lo certero que es el refrán de que “un grano no hace granero, pero ayuda al compañero”. En fin, una vez más al puro estilo “tonto-tonto, mierda-mierda” vemos que “todo es bueno para el convento”.

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