Una piedra para Santa Engracia
Publicado el 06/09/2018 a las 09:35
Cierto, toda alteración en la naturaleza hecha por los seres humanos es perjudicial para la fauna, pero si se minimizan los daños y además pueden ser útiles para la sociedad estarían justificados. Autovías, pantanos, ciudades… alteran la naturaleza, pero hoy por hoy son la realidad y los necesitamos. Analizándolos pormenorizadamente, no son tantos los supuestos beneficios medioambientales a los que aluden para impedir la reconstrucción de la presa de Santa Engracia.
Dicen que la presa impide el paso de sedimentos, pero no dicen que la presa de San Pedro, aguas arriba, impedía que le llegaran a la de Santa Engracia, y la de San Jorge impide que vayan más abajo.
Dicen que la erosión es un beneficio; esto es difícil de entender ya que el impedir esta erosión de los márgenes es nuestra obligación. Con el libre tránsito de las especies pasa lo mismo que con los sedimentos. Su movilidad está reducida, circunscribiéndose al espacio entre las dos presas antedichas. Hablan del beneficio para los salmónidos existentes, deben desconocer que su presencia en Pamplona es mínima. Las que sí se han beneficiado son las especies exóticas invasoras, a las que esta presa impedía su remontada.
Citan a tres especies endémicas de la cuenca del Ebro en Pamplona. Les recomiendo consulten el significado de endémico, pues las especies que mencionan no lo son. Para más inri, nombran a la carpa como especie exótica invasora. Craso error. Deben desconocer que lleva unos 2.000 años con nosotros conviviendo en armonía con barbos, madrillas, chipas, etc, que nunca ha estado incluida en el catálogo de especies exóticas invasoras y que por ley se le considera especie naturalizada.
Hablan también de una hipotética población de nutrias y visones. Es utópico verlos en unos parques públicos, flanqueados de carreteras, y si la garza real anida, lo hará donde encuentre más agua y comida, sin importarle si hay presas o no. La burrada desde mi punto de vista es afirmar que es preferible que el río se quede seco o casi. Pregunten ustedes a los peces qué prefieren, si nadar en poza de aguas frescas y profundas o agonizar en seco, cociéndose al sol. La respuesta es obvia.
Rebatidos sus argumentos, voy a analizar los posibles beneficios que puede ocasionar una barrera de las removibles como se ponen en otros ríos de Navarra. Primero, el fomento del deporte en Pamplona, y no sólo de un único colectivo sino de otros como los pescadores. Deportistas todos con mayúsculas cuyos fines son altruistas y únicamente deportivos, no como otros. Fomento al que por ley está obligado todo gobierno. El paisajístico, que denostan, ya que de no arreglarse, privaremos a los que vendrán de las bellas y coloridas estampas reflejando nuestras murallas y puente nuevo en las aguas lentas, así como el de sus orillas con verde permanente y no las riberas áridas y descarnadas, dejando ver lodos, piedras secas y árboles con raíces al aire a punto de fallecer y caer tronchados, como pasa ahora.
El deleite de poder pasear y ver los cisnes y patos nadando en sus aguas, así como otras actividades que ya no se podrán realizar como natación con aletas, salvamento, piraguas, etc. Todas las actuaciones del hombre dejan huella. Y esta presa la dejó. El mal se hizo hace ya cientos de años y, hoy por hoy, el rehacerla será beneficioso para muchos, no pudiendo llegar a entender el punto de vista del “me opongo porque sí” y con medias verdades para ser más papista que el Papa. En vez de losas para enterrar a Santa Engracia, pongamos piedras para volver a levantarla.