Cualquier ayuda no vale
Publicado el 18/08/2018 a las 22:33
Me preocupa el artículo del 14/08 de la última página del Diario de Navarra sobre las universitarias que han estado un mes en Obala, Camerún, debido a la imagen distorsionada que se puede dar de la ayuda al desarrollo. En primer lugar me gustaría aclarar que cualquier actividad altruista o caritativa en un contexto de pobreza no es cooperación para el desarrollo, y que deberíamos llamar cooperantes sólo a los profesionales de este ámbito. No me parece adecuado llamar cooperantes a estudiantes sin experiencia profesional y sin la formación pertinente que realizan un voluntariado, de la misma manera que no se puede llamar bombero al vecino que contribuye en la extinción de un incendio. Dejando al margen debates conceptuales, me preocupa especialmente la ligereza con la que se menciona que en determinados centros de salud a tan sólo una hora de la capital Yaundé, se realizaran intervenciones sin anestesia sobre una mesa de madera. Entiendo perfectamente las situaciones límite en las que un médico actúa incluso sin los medios adecuados para salvar una vida. Además, conozco bien el sistema de salud de Camerún y de otros países de África, y soy plenamente consciente de sus deficiencias. Pero es inaceptable que se realicen rutinariamente intervenciones médicas y quirúrgicas sin analgesia y anestesia adecuadas, y que nuestra reacción sea ensalzar la heroicidad del que sufre. Si un centro de salud no tiene el personal, la infraestructura o los materiales para realizar una intervención quirúrgica, se deberá referir al paciente a otro centro donde si los tengan, o buscar los recursos necesarios para realizarlos. Eso es lo que cualquiera de nosotros pediría para sus familiares. Finalmente, también me sorprende que se pidan voluntarios universitarios para poner vacunas y hacer educación para la salud. Normalmente estas tareas las realizan personas locales formadas específicamente, que hablan la lengua o dialectos locales y que entienden mejor las susceptibilidades culturales. Además, los mensajes y consejos deben darse de manera sencilla y rigurosa, de acuerdo a la evidencia científica. Por ejemplo, se menciona en el artículo que las voluntarias participaron en actividades de promoción del uso de la planta Artemisia contra la malaria. Bien, desde el año 2012 la OMS desaconseja oficialmente el uso de Artemisia annua en sus formas no farmacéuticas, es decir, como planta medicinal, para el tratamiento o la prevención de la malaria debido a su falta de eficacia y al peligro de emergencia de resistencias a la artemisinina presente en la planta, y a los medicamentos que utilizan derivados de artemisinina y que salvan millones de vidas cada año. Entiendo la buena intención del artículo y de las voluntarias, y no dudo que hayan tenido una experiencia impactante. Pero no podemos dar la imagen de que este tipo de contribución sea necesaria ni la más adecuada. La buena intención no es suficiente, y cualquier ayuda no vale.